miércoles 23.10.2019
Pesca de arrastre

Los delfines se mueren en el Atlántico

La marea arrastra a miles de delfines muertos a las costas del atlántico debido a los diversos métodos utilizados en la pesca, que suponen unas técnicas letales para estos animales y que están acelerando enormemente su proceso de extinción

Delfín varado en una costa de Galicia.
Delfín varado en una costa de Galicia.

Alrededor de 3500 delfines han muerto en lo que llevamos de año en las aguas del atlántico, una verdadera masacre que se prevé que aumente con el tiempo. En tan solo cuatro semanas, 800 delfines han encallado en la costa del Golfo de Vizcaya, lo que supone una cifra 30 veces mayor de lo que se considera el nivel “normal” de varado en estos animales, convirtiendo esta zona en una de las más afectadas.

El problema es grave, pues la costa atlántica no había experimentado un suceso similar desde 1997. Los cuerpos de delfines muertos en las costas llevan apareciendo desde principios de este año, pero especialmente en los últimos meses se ha visto un número récord de cadáveres de delfín común en playas como las Landas, Gironda, Charente y Vendée en Francia.

Los científicos se encuentran enormemente preocupados por este hecho y no han parado de estudiar a los mamíferos desde el comienzo de los sucesos. Consideran que tan sólo la perdida anual del uno por ciento de los cetáceos constituye una amenaza para la permanencia de la especie. Además, advierten del enorme inconveniente de no saber el efecto que tendrá para los ecosistemas marinos el declive de las poblaciones de delfines.

La principal causa de todas estas muertes se atribuye a los métodos de pesca utilizados hasta el momento que amenaza particularmente a estos cetáceos. Se trata de la pesca de arrastre, un tipo de pesca industrial que consiste en enormes redes, a menudo con una abertura de tamaño similar a dos campos de fútbol, que son arrastradas por dos o más barcos en ambos extremos arrastrando todo tipo de animal que encuentra a su paso.

La pesca de arrastre se utiliza principalmente para la captura de lubina, jurelo, caballa, merluza y bonito, y resulta enormemente peligroso para los delfines, que buscando bancos de peces para alimentarse, terminan adentrándose a las zonas de pesca, quedando inevitablemente atrapados entre las redes.

Buques pesqueros, británicos, franceses, irlandeses, holandeses, daneses y españoles que utilizan estas prácticas de pesca se encuentran entre los principales responsables del problema. Todos ellos realizan sus tareas de pesca en el Canal de la Mancha, el Golfo de Vizcaya y el Mar Céltico puntos claves para los cetáceos.

La pesca industrial no supone un modo de trabajo sostenible, por tanto numerosos grupos ecologistas como Greenpeace o WWF reclaman métodos de pesca que si lo sean. No obstante, el principal problema es que para ello se requiere una considerable investigación y financiación del proyecto que de este modo logre llegar a promover un desarrollo y una difusión de prácticas de pesca más selectivas y sostenibles. A todo ello se suma que los científicos todavía ven muy difícil poder trabajar en colaboración con la industria pesquera.

A esta auténtica masacre de cetáceos, afectada por las prácticas y el aumento del tráfico marítimo y pesquero, también contribuyen los productos  químicos, plásticos y la contaminación acústica de mares y océanos. Por lo que se reclama un nivel de actuación rápido que suprima estas amenazas y proteja a la biodiversidad marina.

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