sábado 19.10.2019
Fórmula 1

El gafe de Alonso da alas a la resurrección de Honda

El piloto español, que se ha equivocado en muchas decisiones a lo largo de su carrera, contempla atónito como Red Bull se las promete felices con el motor Honda, que probarán con Toro Rosso en este 2018

Fernando Alonso.
Fernando Alonso.

A veces forzado, y en otras ocasiones por decisión propia, lo cierto es que Fernando Alonso no ha estado demasiado acertado en las decisiones que ha tomado a lo largo de su trayectoria. En una competición como la Fórmula 1, donde el monoplaza que proporciona la escudería es prácticamente decisivo a la hora de pugnar por un Mundial, el español ha escogido el asiento equivocado en sucesivas ocasiones. Con poco tiempo por delante en el 'gran circo' y sin salidas a McLaren, el español se encomienda en este 2018 a la unidad de potencia de Renault para volver a subir al podio, algo que ha olvidado en sus últimos tres años.

En su etapa en Renault se consagró como el bicampeón del mundo más joven de la historia. Sus batallas con Schumacher auguraron que el asturiano estaba capacitado para superar los éxitos del alemán, siete veces campeón. Y así pudo haber sido, si hubiera tenido más tino o la suerte le hubiera acompañado. Tras su exitoso periplo en la marca francesa puso rumbo a McLaren, donde hace poco se conoció que, efectivamente, aquel joven llamado Hamilton era el designado para ganar por Ron Dennis. 

El español y el británico tenían el mejor monoplaza de la parrilla, pero sus desencuentros, y la incapacidad de los de arriba para tomar decisiones provocaron que en el último Gran Premio ambos fueran batidos por Raikkonen sin apenas explicación. Alonso no pudo contener su enfado y regresó a Lotus Renault, pero ésta escudería ya no era un atisbo de lo que fue. Su caché, no obstante, era tan elevado que los de Maranello aprovecharon la oportunidad para ficharle. Alonso pasó allí cinco años, con muchas alegrías y triunfos, pero sin sumar un sólo Mundial. Su frustración de quedar segundo, por culpa del exitoso Red bull, llegó a tal punto que tomó la difícil decisión de embarcarse en la aventura de McLaren y Honda.

A priori sonaba bien, la segunda escudería más laureada y una marca más que reconocida. Sin embargo, los nipones carecían de experiencia en el 'gran circo' y no sólo anduvo escaso de éxitos, sino que sus tres años han sido todo un ridículo. Ferrari tampoco ha ganado, pero con los italianos hubiera lucido unos números mucho más notables. Es más, esta temporada desde allí informan que podría ser el año de Ferrari. El desastre de Honda ha sido tan mayúsculo que McLaren decidió la temporada pasada, forzada también por la renovación de Alonso, prescindir del dinero y el motor de los nipones.

En este 2018 McLaren promete podios, y ya no parece una utopía. Su chasis es bueno y no hay motivos para dudar de que puedan estar ahí en según que Grandes Premios. Lo curioso, eso sí, ha sido el movimiento de Red Bull, que siempre ha demostrado estar a la altura desde que desembarcó en la Fórmula 1. La escudería austriaca, sabedora de que Reanult espera dar un salto importante en 2020, quiere dejar de ser cliente de los franceses, lo cual podría perjudicarles si realmente éstos tienen opciones a conquistar el Mundial el próximo año.

La medida que ha tomado Red Bull, es montar el odiado motor Honda en Toro Rosso, su filial, con la que los nipones no tendrán tanta carga de estrés. Pese a que parece una decisión alocada tras lo vislumbrado, ésta fue una de las razones por las que Verstappen decidió renovar. El objetivo es que a corto plazo Honda de con la tecla y Red Bull cuente con un motor exclusivo para pelear por el Mundial, sin lanzarse a la aventura como hizo McLaren. Eso sí, gracias a que cuenta con Toro Rosso como banco de pruebas. Alonso sólo espera que esta fórmula no les resulte efectiva, o su gafe habrá vuelto a hacerse notar. 

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