Sábado 18.08.2018
Frank Blanco

"No queremos ser hijos de puta porque esta España se ofende por todo"

El presentador del programa Zapeando de La Sexta, con el que recientemente cumplió 1.000 emisiones, acaba de publicar el libro 'Soibrevivir a los cuarenta', edad en la que dice "te vuelves un adolescente, desagradecido y un poco borde"

Frank Blanco.
Frank Blanco.

-¿Cómo ha sobrevivido usted a los 40, o en concreto a esos 42 que tiene?

-Sigo siendo un hombre joven, sigo estando en forma, sigo teniendo ganas de dar caña, pero ahora toca frenar y pararme, y disfrutar en cada capítulo de la vida. 

-¿Está satisfecho de sus primeros 40 años?

-La verdad es que he llegado hasta aquí rápido, muy rápido, demasiado, me parece que ha sido un suspiro. He tenido prisa para pasar el tiempo, pero ahora ya no, dejé atrás lo de tener prisa hace unos años, me costó, pero lo conseguí.

-¿Ve la vida de otra forma?

-Si, porque empiezas a ponerte en el lugar de tus padres cuando tenían tu edad. Con esta edad te vuelves como un adolescente, desagradecido y un poco borde.

-¿Los padres siempre tienen razón?

-No, nuestros padres nos mintieron con aquello de que los amigos se eligen y la familia no. Eso es mentira porque puedes elegir quien de tu familia es familia. Es más, hay amigos que son más familia que mucha familia y familias que no son ni amigos. 

-Supongo que uno de los grandes sueños que habrá tenido en esos 42 años habrá sido el llegar a las 1.000 emisiones de Zapeando...

-Siempre recuerdo los inicios duros, yo en aquel momento no puedo decir que estuviera convencido de que íbamos a llegar al 1.000 pero sí que el programa iba a tener más vida de la que auguraban las primeras cifras, porque nadie sabrá nunca el trabajo y la pasión que ha habido siempre, especialmente aquellas primeras semanas y por parte de todos, desde la dirección de La Sexta a la de Globomedia, hasta Dani Écija, que era su presidente, que entró en la cocina a ayudar y remar. Cuando veía que había tanta gente de talento currando ahí piensas que esa gente sabía lo que hacía y que al final daría en la diana, y así fue, fue cuestión de semanas. 

-¿Qué encuentran los espectadores en Zapeando para seguir confiando en él?

-Ojalá supiera el secreto, pero para mí es como la suma de muchas cosas, y todas tienen igual mérito. El programa parece muy sencillo, porque es un espacio de zapping, de vídeos, pero yo reivindico que hay que saber escoger esos momentos. Si ponemos tres minutos de El Hormiguero tienen que ser los mejores tres minutos, los que creas que van a interesar. La labor de un programa de zapping empieza porque tu contenido sea bueno y ahí es extraordinaria la labor de reacción. Y todo eso tiene que pasar por un buen guión y porque en la mesa sepamos defenderlo y, a poder ser, mejorarlo. A eso hay que sumarle el feeling, la complicidad que hay entre los miembros de esa mesa.

-En el tema vídeos, suelen apostar por los tildados de 'blancos'...

-Siempre apostamos por el buen rollo, no por vídeos dramáticos. No buscamos el lado hijo puta sino el humor que no ofenda, que no moleste, porque hoy estamos en una España que se ofende por todo y por eso hay que tener cuidado, no ser agresivo. 

-¿Son realmente una familia tan bien avenida?

-Bien avenida no lo sé, sí que somos una familia, con lo cual hay momentos buenos y malos pero como toda familia al final te quieres y en Nochebuena te juntas, pase lo que pase. Otra cosa es que al final termines discutiendo con el cuñado, pero sí hemos conseguido formar una familia, que es algo que yo intenté que pasara desde el minuto 0. Yo vengo de la radio y en ella el trabajo es muy similar al que hemos llevado a cabo aquí. Para que tú traslades buen rollo al oyente o al telespectador tiene que haberlo en el estudio o plató. Una de mis mayores preocupaciones  era que consiguiera que hubiera magia en la mesa y tuve unos compañeros que lo han hecho posible.

-¿Ya sueña con los 2.000?

-Hoy sí. Hemos hecho 1.000, que parecía imposible y que significan cuatro años. ¿A por 1.000 más? Por qué no. Me podría preguntar si me apetecería hacer otras cosas, pero ya las voy haciendo, con mi programa de radio, un libro... pero sea lo que sea que tenga que hacer nada hará que deje la silla de Zapeando. Este programa arrancó conmigo y, si de mí depende, yo moriré con él. Yo creo que el programa podría seguir sorprendiendo.

-¿Toma partido directamente en la nómina de colaboradores?

-Afortunadamente no soy el que toma esa decisión. Yo tengo voz, pero no voto y eso está muy bien porque no lo veo desde la barrera y el que creo que debe tomar esas decisiones tiene que ser alguien que sí lo vea desde ahí. En el plató pasan muchas cosas y si yo tuviera que tomar esa decisión seguramente que me equivocaría mucho. Lo que cuenta es lo que se ve en la TV y los que mejor pueden tomar la decisión son el productor ejecutivo o el director de La Sexta. 

-¿Y en cuanto a nuevas secciones?

-Ahí sí, eso forma parte de la rutina, pero no es un mérito sólo mío porque el programa siempre está abierto a ideas de todos, o del equipo de guión o de los colaboradores. La dirección del programa está siempre abierta a ideas. 

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