miércoles 20.11.2019
Nuevo plan presupuestario

Subidas de impuestos y Montoro, una larga historia de amor

A nuevo año electoral bajo la batuta ‘popular’, nueva subida de impuestos. El incremento de sociedades, o los especiales junto con la reducción del techo de gasto tienen como objetivo cumplir con Bruselas, aunque no lo asegura. Desde que Rajoy nombrará a Montoro como titular de Hacienda, más del 70% de la reducción del déficit ha sido gracias a los impuestos

Cristobal Montoro, ministro de Hacienda.
Cristobal Montoro, ministro de Hacienda.

El día de la marmota en la España del Partido Popular arranca con unas elecciones, prosigue con Mariano Rajoy en el balcón de Génova y acaba con Cristóbal Montoro –con su sonrisa característica- anunciando una subida de impuestos. Da igual que antes se haya perjurado que no se tocarían, tampoco importan las promesas a sus votantes. Se debe cumplir con Bruselas, y hacerlo con impuestos es la que más gusta en el PP.

A lo largo de los últimos años de reducción de déficit los impuestos siempre han estado presentes. En 2012, no solo se subieron todos sino que incluso se crearon algunos nuevos. En 2016, sube el de sociedades –de manera encubierta, eso sí-, los impuestos especiales, las cotizaciones máximas y crea una nuevo, para los refrescos azucarados. En total, 4.650 millones que sumar a los 25.000 millones que ya recauda demás, y que explica la reducción del déficit en más de un 70%.

El Consejo de Ministros ha aprobado este viernes el nuevo plan presupuestario con un objetivo claro: cumplir con Bruselas. La reducción del techo de gasto o la subida de impuestos son medidas encaminadas a encauzar el déficit en 2017 hasta el 3,1%. De hecho, el Gobierno remitirá a la Comisión Europea su nuevo plan financiero para recibir su visto bueno.

El nuevo Ejecutivo ha acoplado a martillazos las distintas partidas para reducir el desfase entre gastos e ingresos en 16.000 millones para 2017. Lo suficiente para cumplir con Bruselas, condicionadas a las previsiones del Gobierno que dejan algunas lagunas. Los números salen, como todos los años que se presenta el techo de gasto y posteriormente los presupuestos. Pero, y si las cuentas salen ¿Por qué nunca se cumple con el déficit pactado? Es sencillo, el Estado termina gastando más e ingresando menos porque quien hace la ley, hace la trampa, y nunca mejor dicho.

El techo de gasto, el primer paso

En estos días, el término económico del techo de gasto ha inundado la prensa dado a que el Gobierno debía aprobarlo. La cifra final de gasto no financiero ha sido de 118.337 millones, cerca de 5.000 millones por debajo del aprobado un año antes.

Cuadro

La tan afamada regla de gasto durante estos días no es más que un mecanismo que sirve para limitar el gasto de las Administraciones Públicas. Además, es la primera etapa en la aprobación de los presupuestos. Para calcularlo el Ejecutivo, debe presentar el escenario macroeconómico que prevé, en especial, crecimiento de la economía e ingresos. Los dos son vitales, porque en función de su evolución se puede gastar un mayor o menor cantidad de dinero público para no superar el objetivo de déficit.

Los impuestos al rescate, una vez más

El grueso de la subida salarial se centra en el Impuestos de Sociedades. La remodificación del impuesto, que busca acercar el tipo medio al nominal, se centra en: limitar la compensación de bases negativas de años anteriores, los límites en la doble imposición internacional y la no deducibilidad de las pérdidas de participaciones en entidades residentes y no residentes.

Además, el titular de Hacienda ha explicado que el incremento para el tabaco será: un 2,5% para los cigarrillos y un 6% el de liar. Por su parte, el impuesto sobre el alcohol y bebidas alcohólicas subirán un 5% los productos intermedios. Asimismo, la creación del nuevo impuesto a las bebidas azucaradas. En total, en dichas partidas espera aumentar la recaudación en 350 millones.

Lagunas en las cuentas del Estado

Sobre el papel, el cumplimiento del déficit parece asegurado una vez diseñadas las cuentas. Al igual que lo ha parecido año tras año y que luego en la práctica no han servido de mucho. La culpa radica en los propios políticos, por un lado al presentar unas previsiones de ingresos demasiado optimistas. Por otro lado, porque el techo de gasto se burla continuamente.

En el primer caso, los gobiernos –el español uno de los que más- suelen ser demasiado optimistas con sus ingresos. Así lo demuestra una amplia cantidad de literatura económica. Entre ellos: El Banco Central Europeo en su informe ‘Lecciones de las estimaciones fiscales’; también los profesores Carvalho y Alfonso, de la Universidad de Lisboa. Otro, ‘Revenue Forecast Errors in the European Union’ señalan que gran parte de las subidas de impuestos en Europa se deben a las malas predicciones de los ingresos.

En España, la media de error en las estimaciones de ingresos por parte del PP ha sido del 1% en el primer año, del 1,6% en el segundo y del 1,8% en el tercero. Para 2016, si se mantuviera el actual ritmo mostrado entre enero y octubre, los ingresos serían un 1,2% menores a los estimados.

En el caso de los gastos, el techo de gasto supone una limitación teórica pero no práctica. Es más, saltarse el techo de gasto es algo más habitual de lo que parece y el Gobierno tiene la llave para ello. El Ejecutivo puede presentar proyectos de ley que impliquen un aumento de gasto para el mismo año. El Parlamento también tiene esa potestad, pero con una salvedad, la propuesta requiere la conformidad del Gobierno para su tramitación.

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