miércoles 03.06.2020
JAQUE A LAS DEMOCRACIAS

Enemigo público número 1: Los mercados

El ente que tanto gusta demonizar y culpar no es más que la unión de todos los ahorros de los ciudadanos del mundo, que son libres y autónomos para decidir en qué quieren invertir para no perderlos

Hong Kong (China). | GTRES
Hong Kong (China). | GTRES

Se han convertido en una de las principales amenazas no sólo para España o el sur de Europa, sino para el mundo entero. O eso se opina en países con una cultura financiera muy pequeña como España. Los mercados, un ente maléfico que ha conquistado el mundo y que ha puesto en jaque a la democracia.

Los mercados se han convertido en uno de los culpables de la crisis. En España se tiene ese extraño superpoder de culpar a otros de los problemas que afectan al país. A lo largo de 2011, y más en concreto en 2012, los mercados atacaron a España deliberadamente. Obviamente no tenía que ver que el déficit estuviera en el 10% o que el paro escalase hasta cifras históricamente altas junto a un alto endeudamiento privado y público, la culpa venía de fuera. El resultado fue que la prima se disparó y los intereses que se paga por la deuda crecieron hasta niveles nunca vistos. La culpa: De los antipatrióticos, antisociales y codiciosos mercados.

Uno de los factores que originaron la crisis, fue lo contrario a lo que pasó en 2012. El maná de dinero barato que llegaba a España, es decir, los pocos intereses que pedían al prestar dinero los mercados, lo que permitió un endeudamiento masivo. La culpa que se diera aquella situación: Los mercados.

En la actualidad, la inversión que llega a España es a través de activos que han perdido valor y que son adquiridos por fondos de inversión. De nuevo, en España se culpa a los ‘fondos buitres’ por invertir, porque se aprovechan de la situación.

Pase lo que pase, mientras las cosas no funcionen bien siempre habrá alguien que sin ningún reparo culpe a los mercados de sus males o los del país. Si no, siempre quedarán los políticos o los banqueros, que tienen su propia culpa, pero en la sociedad española nunca existe autocrítica. Los mercados tienen tres características que los hacen idóneos para culparles:

En primer lugar, son un ente muy poderoso. Capaces de tumbar gobiernos, manipular políticos o corromper a la sociedad. Obviamente, sino fueran así de poderosos no se podrían culpar. A pesar de ese gran poder, los Estados siguen endeudándose sin controlar gasto o déficit.

En segundo lugar, es un ente abstracto. No se pueden defender. Los mercados no son Warren Buffet, George Soros u otro magnate de Wall Street.  Son la suma de toda la riqueza en el mundo en manos de cualquier ciudadano. Cualquier persona que sataniza a los mercados lo hace sin saber que él forma parte de ellos. 

Por último, se piensa de ellos que son extranjeros. No están en España, la culpa es de otros que van contra la patria. En España todavía se escucha la famosa frase que culpabilizaba de sus males a los extranjeros: "Vienen a quitarnos el trabajo y las mujeres”.

¿Quién está detrás de los mercados?

Cualquier ciudadano que tenga una cuenta bancaria, un depósito, una hipoteca… en definitiva cualquier persona que tenga relación con un banco, caja o fondo de pensiones. Incluso aquellos que no tengan eso pero trabajen y esperen jubilarse algún día. La palabras los mercados se debería sustituir por el término los ‘ahorros de todo el mundo’. Como han demostrado las estafas en preferentes u otras, a nadie le gusta perder sus ahorros porque son suyos, por lo tanto, nadie puede obligar a otras personas a invertir sus ahorros si piensan que no se los van a devolver. Eso hacen los mercados (los ahorros de todo el mundo), cuando ven un posible impago desaparecen del país, empresa o valor bursátil. Y en el caso de que no se les pague, lo denuncian, como ha ocurrido con Argentina.

Aunque por volumen de dinero tienen mayor peso los fondos de pensiones. En concreto, los 13 países con los mayores fondos de pensiones del mundo suman más de 26.496 billones de dólares, que corresponde al 76% del Producto Nacional Bruto de esos países.

Para que no se pierdan los ahorros de toda una vida de trabajo se invierten en bonos, acciones, divisas… Estos productos ofrecen una rentabilidad que permite vencer a la inflación. Por ejemplo si se tienen 100.000 euros debajo del colchón y la inflación es del 2%, en un año se pierde poder adquisitivo por 2.000 euros. Mientras que si ese dinero está invertido en un depósito bancario al 2%, al final del año en vez de tener 98.000 euros se tendría 102.000.

En definitiva, no se debería demonizar un ente que ni siquiera existe como tal. Mucho menos cuando cumple una función vital para la economía funcione. En vez de eso, se debería culpar más seriamente aquellos que derrochan el dinero o lo roban, porque no roban a un ente maléfico y poderoso sino al trabajo y riqueza acumulado de cada ciudadano del mundo. 



Comentarios