miércoles 22/9/21

No somos vasijas

El vientre de alquiler se ha convertido en una moda irritante. También, todo hay que decirlo, ha abierto un fuerte debate. No solo hombres, también mujeres, se muestran dispuestos a comprar a otras mujeres para que ejerzan la maternidad subrogada.

Abra una web de las que ofertan esta práctica. Empresas multinacionales que trabajan en todos los países ofrecen servicios jurídicos y sanitarios especializados, incluso agencias de viajes. Tienen de todo. Si tienes dinero es fácil hacerlo. ¿De verdad, no les resulta sospechoso un nicho de mercado construido sobre el vientre de mujeres pobres?

El mercado se apodera de la gestación: quienes tienen dinero pueden tener descendencia a estrenar y las mujeres sin dinero prestarán su capacidad reproductiva. Lo harán a mujeres infértiles que no desean adoptar o a hombres que reclaman herederos o herederas.

Cuanto más dinero, más y mejor descendencia. Se puede elegir sexo, aspecto físico (en la mayoría de los casos caucásico) y con garantías de que no padecerá enfermedades, debido a diagnósticos previos. Un proceso en el que los menores carecerán de las protecciones y tutelas que disfrutarían en una adopción.

Los vientres de alquiler no son la única forma de ser padre o madre. Hay miles de criaturas pendientes de ser adoptadas o acogidas. Eso si, no son a estrenar, ni a la carta, ni son escogidos por el cliente.

Sorprende que quienes enfatizan el derecho a la paternidad o maternidad subrogada no hagan la mínima reflexión sobre  las mujeres con menos recursos económicos.

Sorprende que en una sociedad española en que no sobran portavoces de la ética, todos y todas los que enfatizan el derecho a la paternidad o maternidad subrogada no hagan la mínima reflexión sobre las consecuencias que pudieran derivarse para las mujeres con menos recursos económicos, tampoco sobre los límites del mercado, si es que se pretende que éste tenga límite alguno.

En la medida que nuestra legislación prohíbe esta práctica, nada como buscar donde haya mujeres necesitadas: India, Nepal, Camboya, Ucrania, Rusia, Kazajistán, Georgia y, desde el año 2014, Grecia. Grecia pudo evitar que los alemanes compraran sus islas y monumentos pero no la capacidad de sus mujeres de ser madres.

No nos engañemos, tener descendencia a demanda, en función de los recursos que uno tiene, pervierte cualquier noción de igualdad ciudadana a la hora de la paternidad o la maternidad. Esta es una opción que no puede depender del dinero que uno o una tenga en la cartera.

La maternidad subrogada convierte la capacidad reproductiva de la mujer en un bien de mercado, un mercado que se alimenta de la feminización de la pobreza, en un contexto globalizado donde las mujeres se han convertido en un nicho de negocio en múltiples formas.

Lo que es evidente es que una mujer con recursos no parirá para otros u otras. El pronóstico es un nuevo contexto para utilización de las mujeres pobres.

Cerca de mil parejas españolas contratan cada año vientres de alquiler en el extranjero. Sin duda, muchas dirán que los trámites de adopción nacional o internacional son complejos. Pero lo cierto es que esa no es la razón. Se desean niños y niñas a la carta.

Ser padre o madre no es un derecho. Es una opción. Y no puede ser satisfecho de cualquier modo. Conozco la intensidad de ese deseo, especialmente en mujeres infértiles que sufren su situación. Pero hay muchas formas de ejercer la maternidad, sin necesidad de comprar a otras mujeres en el mercado.

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