Sábado 22.09.2018

De perro maltratado a héroe policial

Se llama Blacky y es un pastor alemán adoptado por la sección canina de la policía local de Madrid. Cuando sólo tenía 10 meses su dueño llamó a los agentes para darlo en adopción. No se hacía con él y lo tenía encerrado en una perrera horas y horas. Desesperado, Blacky desarrolló problemas de comportamiento. Hasta que la policía local de Madrid decidió ficharlo. Hoy es uno de sus mejores perros de rescate. Busca personas bajo los escombros en derrumbes de todo tipo, pero además es capaz de detectar explosivos. Y ante cada situación se comporta de una manera diferente. Si huele a una persona, ladra para avisar de dónde se encuentra. Si es explosivo, se sienta. Un comportamiento dual dificilísimo de lograr. Hoy asistimos con él y con el responsable de la Unidad Canina, Rafael de la Gandara, a una jornada de entrenamiento. Para Blacky es simplemente un juego divertidísimo. 

Nada más acercarse a la verja donde entrena comienza a mover el rabo y a ladrar. Feliz. Los agentes colocan grandes cubos en el campo y una agente se esconde bajo uno de ellos. Después entra Blacky. La orden es clara: ¡Perro buscando! Y Blacky sale corriendo a oler... En un minuto encuentra el cubo acertado y empieza a ladrar. Es la señal. Entonces su entrenador le concede su tesoro: un mordedor o churro, como ellos lo llaman. Policía y perro tiran de cada extremo con fuerza y eso le encanta. 

En enseñar a un perro de rescate se tardan más de seis meses pero luego hay que entrenar toda la vida. Del entrenamiento con cubos se pasa a un campo con escombros reales, para acercar al perro a una situación mucho más real.

Rafael nos cuenta detalles interesantes, como que todos los humanos olemos prácticamente igual. Sólo hay pequeñas diferencias si se trata de un niño o de una persona de otra raza, pero ni las colonias ni los perfumes afectan a la búsqueda del perro. Ellos detectan sólo personas vivas o muertas. Esos dos olores sí son totalmente diferentes, incluso son perros entrenados de forma distinta.

Blacky es tan cariñoso que entre ejercicio y ejercicio nos besa a todos. Por hoy termina el entrenamiento. El perro no está cansado, si por él fuera seguiría usando su hocico para encontrar personas y jugar con sus entrenadores después. Antes era un perro encerrado, hoy su trufa prodigiosa salva vidas.

De perro maltratado a héroe policial