viernes 22.11.2019
Negociación de los presupuestos

Reducción del déficit: Bruselas aprieta y todavía queda lo más difícil

Cumplir con Bruselas que exige un recorte de 7.000 millones. Cumplir con las exigencias políticas: no tocar el IVA, el IRPF ni el Estado del Bienestar. El puzzle de los presupuestos de 2017 y por ende encauzar el objetivo de déficit parece misión imposible. El Gobierno ya ha planteado aumentar ciertas figuras impositivas, pero parecen quedar lejos de lo exigido y las cuentas en recortar gasto sin tocar Estado del Bienestar es más ficción que realidad

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España.
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España.

Un desfase entre déficit pactado y efectivo de más de 11.000 millones en 2015. Cerca de un año sin Gobierno y cuando sale, está en clara minoría. Pese a que cada año se ha incrementado el objetivo de déficit se ha incumplido sistemáticamente. Por último, España –hay que ver la evolución de Portugal- será el último país dentro del Protocolo por Déficit Excesivo.

A Bruselas se le acaba la paciencia con España. De hecho, el ministro de Economía, Luis de Guindos, tuvo que viajar a Bruselas para evitar la congelación de los fondos europeos. La Comisión confirmó que no los congelara –al igual que canceló la multa-, pero de seguir abonados al incumplimiento se podría dar el paso.

En 2016, España cumplirá previsiblemente con el objetivo, gracias a la buena marcha de la economía y las medidas adicionales tomadas como el adelanto de sociedades.

El baile comienza en 2017: Por un lado, el ajuste para cumplir con lo pactado requiere ajustes por entre 7.000 y 8.000 millones. Por otro lado, los presupuestos de 2017, deberán contentar a los partidos para que los avalen en el Parlamento. Y ni unos ni otros parecen querer lo mismo de los presupuestos.

Más impuestos, ¿Suficiente?

El nuevo ejecutivo ya ha planteado que podría subir los impuestos especiales, los verdes e instalar la euroviñeta –una tasa para los vehículos pesados de más de 3,5 toneladas-. Además, el pacto con Ciudadanos podría eliminar las deducciones en el impuesto de Sociedades, pero también implica que IVA e IRPF -los que tienen mayor poder recaudatorio- se queden dónde están.

Por todo ello, parece muy complicado que se pueda ajustar el déficit sólo con la variación de dichas tasas. De hecho, el presidente de la Asociación Española de Asesores Fiscales, José Ignacio Alemany, ha admitido está misma semana que “lo que el Gobierno puede recaudar con dicha subida de impuestos es muy poco” y que se debería “incidir” en recortar gasto.

Pero, ¿Por qué todos los partidos se afanan en subir impuestos y no se habla del gasto? La realidad es porque el margen para hacer un recorte importante -de algún punto del PIB- sin tocar el Estado de Bienestar es pequeño, como ha demostrado en más de una ocasión el Catedrático de Economía en la University of Pennsylvania (aquí).

Reducir déficit a través del gasto

El gasto público español, según el último Programa de Estabilidad enviado a Bruselas, era del 43,32% del PIB, con unos ingresos del 38,24%, la diferencia es el famoso déficit que cuenta Bruselas.

En el gasto público español existe una serie de partidas que son intocables. En primer lugar, el pago de intereses y a la Unión Europea, estos son un 3,06% y un 0,92% respectivamente. El Estado del Bienestar –sanidad, educación, desempleo, pensiones- pesó cerca de 25,43 puntos del PIB (se toma como referencia el dato de 2013 del 25,4 y se anualiza para 2015). Ahora, tras descontar dichos gastos quedan como ‘libres’ para intentar recortar 13,91 puntos del PIB.

Asimismo, se deben añadir al menos un par de apartados más. En primer lugar, las inversiones públicas que se encuentra en mínimos con un 2,46% del PIB. Pese a que en ese gasto existe cierto despilfarro –corrupción, sobrecostes o AVE (según Ciudadanos)-  la inversión media a medio plazo debería situarse en un 3 o 4% para mantener las estructuras estables.

En segundo lugar, cerca de tres puntos más de PIB que se gastan en defensa y orden público, 0,9% y 2% respectivamente que son intocables. En primer lugar, porque en defensa España gasta poco, se le exige alcanzar el 2%, es decir 1,1 puntos de PIB más aunque no se toma en cuenta ahora. En seguridad y orden porque un nivel inferior pondría en riesgo el propio funcionamiento del Estado, como señalaba en la entrada el catedrático, más si cabe que durante estos años el reemplazamiento de plazas ha sido tímido.

Además, habría que añadir 0,8 puntos de PIB, unos 8.000 millones, por las propuestas de Ciudadanos, entre ellas: Complemento salarial, plan contra la pobreza o programa de activación de empleo. Tras proceder a descontar todos los gatos que parecen intocables, salvo ahorros en eficiencias pero son pequeños, se llega a un gasto libre de 8 puntos de PIB.

Reducir cerca de un 20% de esos ocho puntos es una tarea imposible. Más aún si ese recorte tuviera que asumir todo el déficit, hay recordar que el objetivo a largo plazo es de déficit cero. Ningún Estado moderno sobrevive con ese gasto tan bajo de funcionamiento. Todo ello, sin contar que debería aumentarse la inversión pública, el gasto en defensa y hay un agujero de 15.000 millones en pensiones a partir de 2018.

Tampoco parece funcionar la idea de que a través de reducir el gasto municipal se consigan grandes cifras, como dice Ciudadanos. En 2015, los ayuntamientos gastaron un 4,76% del PIB tras restar intereses y transferencias a la UE. La idea de fusionar ayuntamientos reduciría el coste, pero los servicios –que es el grueso- se mantendría. En el caso de diputaciones que suponen cerca de un 0,1% del PIB, una parte muy pequeña y que aunque se eliminen su grueso, los servicios, se mantiene.

Al final, quedarán los impuestos, como siempre. Los ingresos ha sido el principal elemento que ha ayudado al Gobierno del PP a reducir el déficit. De hecho, la reducción de cerca de cuatro puntos viene explicado en un 70% por el aumento tributario, un 90% si nos centramos solo en los últimos tres años de legislatura, gracias a un incremento de 25.000 millones. 

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