jueves 12.12.2019

Camps, en la "cuneta"

El Partido Popular se prepara para celebrar una convención ideológica y programática con intención de refrescar sus ideas, proyectos y programas, así como de aparecer unidos en torno a Rajoy, tras los recientes problemas internos sufridos en las Comunidades de Madrid y Valencia. Pues bien, ya tenemos a la vista un nuevo motivo de preocupación para la dirección del PP, a la vista de lo ocurrido en el Parlamento valenciano, que tiene mucho que ver con la ideología y con las maneras políticas.

Porque el PP no puede consentir palabras como las pronunciadas ayer por el presidente de la Generalitat valenciana, Fancisco Camps, en la sesión de control del Parlamento autonómico, donde el dirigente del Partido Popular le dijo al portavoz del Partido Socialista Valenciano, Ángel Luna: "A usted le encantaría coger una furgoneta, venirse de madrugada a mi casa y por la mañana aparecer yo boca abajo en una cuneta". Y para colmo se oyeron aplausos en los bancos del PP.

Semejante declaración, asimilable a la Guerra Civil española, es indigna, incluye una imputación de presuntas intenciones criminales del adversario político de Camps, y pueden ser unas de las palabras más desafortunadas pronunciadas en un debate político en los años que llevamos de transición.

Cabe esperar que en las últimas horas Camps haya pedido perdón por este inadmisible comentario que nunca debió salir de su boca, por muy tenso y estresado que esté el político valenciano, como consecuencia de todos los escándalos que hoy día lo señalan a él, su partido y su Gobierno como los presuntos responsables de casos de corrupción. Pero si Camps no rectifica, a la dirección nacional del PP, que no gana para disgustos, le toca solicitar las disculpas oportunas y criticar al presidente valenciano, quien, por lo que se ha visto, no está en condiciones políticas, morales, ni anímicas para seguir al frente de la Generalitat y de su partido en Valencia.

Si casos como éste no se cortan en seco y de manera contundente, dando el ejemplo que prometió Mariano Rajoy, cuando dijo que se le había acabado la paciencia y que santo Job no había más que uno, entonces entraremos en una deriva próxima a la infamia y a la locura, impropia de un partido que se presenta como la alternativa de Gobierno y que reclama para sí los votos del centro político español.

Para algunos dirigentes del PP, semejante agresión la pueden calificar de exabrupto, o de simple incidente político. Pero eso no es así porque tiene importancia, máxime viniendo de un partido que se ha quejado, con razón, de la inoportuna "ley de la memoria histórica" con la Zapatero que reabrió el debate de la Guerra Civil, la apertura de tumbas y las dos Españas, como arma política y electoral para satanizar a la derecha y llevarla a tiempos del franquismo. Un empeño inútil porque los españoles, afortunadamente, ya están curados de los espantos del pasado.

Precisamente ahora, cuando sufrimos una grave crisis económica y social, cuando se necesitan los esfuerzos de todos para sacar al país de esta larga recesión, algunos políticos rompen no sólo las normas de la cortesía sino de la propia democracia para lanzar acusaciones como la de Camps. Las que dan argumentos a cuantos españoles se alejan de la política y desaprueban el comportamiento de los dirigentes políticos que nos gobiernan y también de los que están en la oposición.

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