lunes 18/10/21

Mr. Bean, jefe de la oposición

Ha sido, políticamente, un complejo comienzo de año. Para inaugurarlo, la celebración de la Pascua Militar ha hecho decir al Rey, por intermedio del escriba gubernamental de turno, que nuestro papel internacional requiere un modelo de defensa colectiva, que, como es lógico, tiene que pasar por la cooperación militar con aquellos Estados "cuyos intereses compartimos". Y aunque el jefe del Estado Mayor de la Defensa, general Julio Rodríguez, haya manifestado que lo mejor es marcharse de Afganistán cuanto antes, lo pertinente, en armonía con las recomendaciones del Rey como jefe de las Fuerzas Armadas, es enviar a ese peligroso escenario bélico nuevos contingentes de soldados. Y como uno recuerda que en vísperas de ganar las elecciones del año 2004, el del 11-M, Zapatero movilizó entusiasmos y votos con el anuncio de la retirada de tropas españolas de Iraq, ahora resulta que los soldados españoles vuelven a lo mismo vía Afganistán. Y aquella muchachada que se manifestaba a favor de ZP al tiempo que le pedía, una vez cumplida la promesa sobre Iraq, no decepcionar más tarde a quienes aplaudían su gesto, se ha vuelto muda y ya no utiliza sus móviles para convocar protestas a la vista del forzado entusiasmo participativo de la España uniformada, con los correspondientes riesgos y la no comprobada garantía de que contemos en Afganistán con los mejores pertrechos.

Es probable que estas realidades no contribuyan a la felicidad de muchos miembros de nuestras Fuerzas Armadas, a las que no se sabe todavía si la proyectada ley de Derechos y Deberes de los militares, que impulsa la ministra Chacón, será capaz de ilusionarles. A mediados del pasado diciembre, unos dos mil quinientos miembros de las FAS expresaron sus reivindicaciones con una manifestación ante el ministerio de Defensa, de paisano naturalmente. Querían saber si se va a contar con el elemento castrense en materia de ascensos y evaluación de méritos.

El tiempo, como en todo, se encargará de aclarar términos y realidades. Ese tiempo en cuyo transcurso tanto confía Zapatero para reparar su deteriorada imagen. El presidente, que llegó tarde al acto inaugural del día de la Pascua Militar, está de actualidad, en Europa con motivo de su mandato semestral tan comentado. Ha sido tremendo el recibimiento que se le acaba de preparar. Un artículo del Financial Times ha aludido a su incompetencia al frente de un país tambaleante. Por otra parte, burlescamente, alguien ha invadido su web de la Moncloa con la imagen de Mr. Bean. El cómico británico ha recibido en todo el mundo la correspondiente acogida mediática. Y no cabe duda que sin él pretenderlo le ha pisado la plaza a Mariano Rajoy como jefe de la oposición, al menos en eficacia crítica. Todos los esfuerzos de Rajoy por dar a entender que Zapatero ha perdido la batalla del prestigio internacional, y en gran parte nacional, han quedado superados por el "efecto Mr. Bean".

Ha sido, en definitiva, un mal comienzo del 2010, por si no bastaba con el hiriente desafío que José Montilla, presidente de la Generalitat catalana, acaba de perpetrar contra el Tribunal Constitucional, cuando la institución llamada a velar por la integridad de los valores que tutelan la marcha del Estado parece a punto de pronunciarse sobre la usurpada ortodoxia superlegal del Estatut de Cataluña. En una relativa sugerencia a la discrepancia cívica de Cataluña contra el Estado, creando frente a él un paralelismo de poderes, ese catalán de adopción, ese cordobés de Iznájar que aspira a ver perdonado políticamente su origen, podría plantear una situación lejanamente parecida a la de la II República española, esa misma que tanto incienso recibe desde el botafumeiro zapaterista, y en la que el coronel Maciá se atrevió a propulsar y personificar la causa de una Cataluña independiente.

Montilla debería percatarse de que, obediente a la línea soberanista que el nacionalismo catalán le impone, nunca logrará impedir que, llegado el momento "glorioso", le devuelvan a Iznájar con billete pagado.

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