jueves 02.07.2020

Jiménez, otro despido improcedente

Manolo Jiménez ha sido el octavo entrenador destituido en Primera División. Los presidentes prepotentes como José María del Nido tienen la tentación a mano. Destituir al técnico es la solución fácil. Es entregar una cabeza para dar contento a la grada.

Jiménez siempre tuvo en contra una parte de los socios. Sin haber dado motivos de queja ya lo pusieron en solfa. En cuanto hubo un resultado adverso, pidieron que el club le diera la boleta. Incomprensiblemente, fue contestado aun cuando el equipo mantenía la clasificación digna de los puestos que dan derecho a jugar la próxima temporada la Liga de Campeones y estaba todavía en ella.

Hay momentos en que desde la distancia uno puede hacerse la pregunta de qué quieren más los sevillistas. El equipo jugará la final de la Copa del Rey y en Liga de Campeones pasó brillantemente la primera ronda y cayó en octavos de final en partido desgraciado.

El equipo sigue estando a tiro de piedra de los puestos de Liga de Campeones, lo que, probablemente, acabará conquistando. Jiménez pilotó la nave acertadamente cuando, inopinadamente, se marchó Juande Ramos, a pesar de los éxitos que había obtenido.

El Sevilla ha vivido los últimos años de los grandes negocios. Vendió a Sergio Ramos, Baptista, Dani Alves y Keita. Hizo caja, pero no pudo mantener toda la potencialidad exigida para ganar la Liga de Campeones como parece que se exigía.

Los recientes resultados adversos no justifican el despido del entrenador. La caída del equipo no es cuestión achacable al técnico. Convendría que se repasaran las actuaciones de hombres importantes como Kanouté y Luis Fabiano. Para colmo, ahora el equipo padece lesiones de jugadores importantes.

El despido de ocho entrenadores, salvo excepciones, es un dato más de la nefasta administración con que se distinguen algunos dirigentes.

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