viernes 21/1/22

Golpe a Camps... y al PP

La imputación a Francisco Camps por el instructor de las diligencias penales que se tramitan en el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valencia es un duro golpe para el PP. La imputación implica sólo la existencia de un indicio que permite al imputado acudir pertrechado de asistencia letrada a la declaración, no contestar a las preguntas que se le formulen y, en su caso, no contraer responsabilidad alguna por dejar de decir la verdad en la medida en la que ésta pudiera inculparle en la comisión de un delito. No es un procesamiento -el hallazgo de "indicios racionales de criminalidad"- pero guarda un cierto parecido. En todo caso, la imputación conlleva siempre la llamada "pena de banquillo", que consiste en la percepción pública de que el imputado "algo habrá hecho". Y aunque los imputados gozan de la presunción de inocencia, en términos sociales tal presunción pierde fuerza argumental y, sobre todo, fuerza política.

Todo lo cual coloca al presidente de la Generalitat de Valencia en una situación complicada, difícil y opaca, extraordinariamente incómoda para un hombre como él, que ha mantenido siempre actitudes transparentes. Y lo digo ya: Camps habrá podido confundirse de forma un tanto imprudente, pero poco hay que conocerle para saber a ciencia cierta que no es un hombre inmoral, ni un político banal o frívolo. Ha demostrado, sí, ser ingenuo, desavisado e inexperto. Pero, insisto, no se le puede tener por desalmado o rampante. Muchos -yo desde luego- hemos estado esperando como agua de mayo las facturas de los famosos trajes en su mano. Y el presidente valenciano no las ha esgrimido para detener esta dinámica infernal que amenaza con segarle su carrera política. En consecuencia, es que no las tiene. Y eso es muy preocupante para él y para su partido.

Habrá que determinar, por otra parte, si, en la hipótesis de que Camps hubiese aceptado los trajes a que se refieren las actuaciones judiciales, estamos ante una práctica incorrecta o inmoral, o ante un delito. No es cuestión de matiz, sino sustancial. Hay cestas de Navidad o presentes a políticos y/o periodistas en esas fechas cuyas cuantías exceden el detalle cortés o agradecido. Y son "regalos" que en muchos casos no se devuelven, sino que se disfrutan. O sea, que estamos ante un debate, político, ético y normativo, muy interesante. Pero, aunque lo sea, por el momento, el golpe a Camps y al PP es de órdago. Quedan tres semanas para las elecciones europeas; acaba de terminar un debate sobre el estado de la nación en el que Rajoy ha quedado demasiado difuso; los precedentes del 'caso Gürtel' en Madrid, son poco aleccionadores (los imputados están suspendidos de militancia); y las aguas no bajan en el PP tan mansas como pudiera parecer. Camps es una pieza clave del entramado directivo popular que salió del Congreso de Valencia. Rajoy debe meditar qué hace y cómo lo hace mientras Madrid disfruta de su San Isidro y nos vamos, poco a poco, metiendo en calores.

La abstención se está adueñando de las voluntades de cada vez más colectivos; el desprecio a la política también aumenta -recuérdese lo que está ocurriendo en Gran Bretaña- y, aunque cada vez es mayor el descontento con el Gobierno, la oposición no gana un ápice de lo que aquél pierde. Esta es una depresión económica atroz, pero también anímica. Estamos mal y nos sentimos peor.

Comentarios