lunes 14.10.2019

Gibraltar tuvo la culpa (ridícula ella) de que los Reyes no fueran a la boda

"La princesa Ana de Inglaterra visita oficialmente Gibraltar pese a la protesta de España", titulaban los periódicos españoles de ayer. Desde el PP, José Ignacio Landaluce, reclamaba, al presidente zapatero, una protesta mas contundente. "No puede ser que vayamos de primos". ¿Sabe el diputado por Cádiz, que la hija de la Reina Isabel es prima de nuestro Rey?

Sería ridículo que hoy reaccionáramos como Don Juan Carlos lo hizo el 29 de julio de 1980. Ese día tenía lugar la boda del siglo XX, y de muchos otros siglos: la del Heredero y futuro Rey de Inglaterra con la joven Diana Spencer, aquella muchacha que creyó haber encontrado el príncipe de sus sueños y solo halló la pesadilla de su vida que la condujo a la muerte.

Nunca, jamás, un acontecimiento de este tipo había despertado tanto interés. Cientos de millones fueron los ciudadanos del mundo entero que siguieron la ceremonia por televisión.

En Londres se dieron cita todos los soberanos reinantes, no solo de la vieja Europa sino de otros muchos países de los cinco continentes. Todos... menos los Reyes de España quienes, no solo habían sido invitados como tales sino también por ser familia, tan próxima ella que, Don Juan Carlos, llama a la Reina Isabel "mi prima Lilibeth".

Como deferencia a este parentesco, iban a ser los únicos Reyes en alojarse en el Palacio de Buckingham. Pero, los primos españoles de Su Graciosa Majestad, decidieron, la víspera de la boda, no viajar a Londres dejando plantados a los novios y a su prima que maldita la gracia que le hizo.

Los mas influyentes periódicos británicos interpretaron, con grandes titulares, el gesto de nuestros soberanos calificándolo como un "grave desaire" a la familia real británica.

¿Qué había sucedido para tal "grosería"? ¿Qué impidió a los Reyes de España estar presentes en la boda del futuro Rey de Inglaterra?

Algo que hoy puede resultar ridículo aunque, ridículo era también entonces: los Príncipes de Gales habían decidido iniciar su luna de miel, su viaje de novios, en Gibraltar adonde volarían después de la boda, para embarcar en el yate real "Britania", fondeado en aguas del peñón.

"La presencia de los Príncipes de Gales en Gibraltar, después de haber sugerido España que embarcaran en otro puerto para su crucero nupcial, viene a insistir en el pretendido deseo de perpetuar un agravio que, estamos seguros, no podrá durar siempre por mucho que Inglaterra haga para eternizarlo con gestos provocativos, en un alarde de perfidia y de estudiada mala voluntad" podía leerse en la prensa española.

Pienso que entonces, como ahora, a muchos españoles, lo del peñón, les importaba poco, por no decir nada. A pesar de lo que publican los periódicos a muchos, la decisión de Don Juan Carlos y Doña Sofía, les pareció excesiva por no decir ridícula. Algo así como "jódete capitán que no como rancho". Como ridículo fue que, desde la Línea de la Concepción, se dispararan salva de ordenanzas en honor de los Príncipes dando a entender que pisaban... tierra española.

A pesar de las palabras, del diputado por Cádiz ¿se cree alguien que la visita de la Princesa Ana le quita el sueño a los españoles?

Afortunadamente pasaron ya, aquellos tristes años de "Gibraltar español".

¿Y qué decirles de la época en la que el Príncipe Don Juan Carlos se negó a aprender inglés como protesta por la ocupación de Gibraltar por los ingleses?

En un viaje, del Conde de Barcelona a Londres acompañado de su hijo el Príncipe Juan Carlos, la Reina Isabel les invitó a cenar en el Palacio de Buckingham. Antes de la comida Don Juan pidió a su prima Lilibeth que sentara junto a ella a Juanito para que se diera cuenta lo ridículo que era no saber inglés. El entonces Príncipe aprendió la lección.

No saber el idioma de Shakespeare fue un problema, para que él y Doña Sofía, se conocieran mejor en el corto noviazgo. Él solo sabía español e italiano, Doña Sofía inglés y griego.

Por mi parte, feliz estancia de la Princesa Ana en Gibraltar.

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