Jaime Cedrún

2017, el año de la desigualdad

2017, el año de la desigualdad

Son estas fechas de balances del año que acaba y de objetivos, cuando no de sueños, del año que se inicia. Balances para incidir en lo positivo, aprender de los errores y, llegado el caso, rectificar en aras del avance, del progreso, hacia unos objetivos realistas. Digo realistas porque no podemos olvidar que no estamos solos en el mundo, existe la correlación de fuerzas,. Tampoco podemos olvidar que la clase trabajadora es muy práctica, como nos enseñaron los fundadores de las Comisiones Obreras

El año que termina ha sido propicio en los grandes indicadores macroeconómicos. Cabe constatar algunos datos positivos. Hemos continuado con el crecimiento económico, con la Comunidad de Madrid en lugar destacado, se ha reducido el número de personas en paro y se ha incrementado el número de personas ocupadas . Se ha reducido el paro de larga duración. Sin duda, la estrategia de empleo firmada por el Gobierno regional, la patronal CEIM y los sindicatos CCOO y UGT ha tenido sus efectos positivos.

Si embargo, está bonanza económica no se ha traducido en bienestar laboral y social de las personas, ni en avance en la recuperación de derechos, ni en revertir los recortes y la desigualdad extremada por la crisis. El empleo creado ha sido poco y precario, la riqueza creada en la empresa se la han quedado los beneficios empresariales, la protección de las personas en paro se ha reducido y avanza la pobreza salarial y social. Y todo ello, golpeando con especial intensidad al empleo femenino. Asimismo, uno de sus efectos más dramáticos ha sido el incremento de los accidentes de trabajo

No exagero al calificar 2017 como el año en que Mariano Rajoy, en España, y Cristina Cifuentes, en Madrid, apostaron por la senda de la desigualdad en la salida de una crisis con un abanico de buenos datos macroeconómicos que no están beneficiando a quienes más lo necesitan. Han logrado que la recesión desaparezca y sigamos sumidos en la crisis.

Ambos gobiernos han mirado para otro lado cuando de políticas económicas y sociales se trataba. No han querido aprovechar los recursos en generar políticas de empleo estable, ni sistemas de protección; han decretado que las pensiones sigan perdiendo poder adquisitivo; no se responde con los medios necesarios a esa violencia machista que ya denuncia hasta Felipe VI…y así podríamos continuar con una larga lista que evidencia cómo entre PP y Ciudadanos han engordado la bola de la desigualdad, han aumentado la brecha entre quienes más tienen y menos tienen.

La sociedad cada vez es más desigual porque, entre otras circunstancias, este gobierno siembra con una insolidaria política fiscal, digna de Donald Trump, la ausencia de ingresos. 80.000 millones de euros han dejado de ingresar las arcas del Estado para alegría de las grandes fortunas; 36.000 millones de euros en la región de Madrid, sólo en los últimos 15 años.

Cierto es que la reciente firma del acuerdo del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), llevado a cabo entre Gobierno, CCOO, UGT, CEOE y CEPYME, puede suponer un momento de inflexión. Un acuerdo para que nadie perciba un salario por debajo del 60 por ciento de la media salarial, lo cual es importante. Con todo, la idea es que nadie tenga que recurrir al SMI y para ello, la negociación colectiva es fundamental.

En este escenario, en enero se inicia el dialogo del IV Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva  (AENC), con el objetivo, realista, de atajar la desigualdad por el frente de los salarios justos, pero también de unas condiciones laborales dignas.

El año que ha concluido lo ha sido de congresos en CCOO, lo cual está impregnando al sindicato de mayor participación, mayor transparencia y nuevas exigencias en nuestro código ético. Un sindicato sólido con pilares sólidos que basa su estrategia en la negociación y la movilización; un sindicato internacionalista; un sindicato absolutamente independiente de partidos políticos y un sindicato que siempre vela por la unidad. La unidad interna, la unidad de acción con UGT y la alianza con  el tejido social.

2017 ha concluido con el conflicto catalán ocupándolo todo. Un conflicto que ha terminado provocando el rebrote de fascismos que creíamos olvidados y que también han afectado a las Comisiones Obreras de Madrid. No es posible que en el siglo XXI un delegado de CCOO en la Policía Municipal tenga que solicitar escolta por víctima de amenazas de fascistas.

Tampoco es de recibo que prácticamente todas las semanas de 2017 hayamos tenido que concentrarnos las Comisiones Obreras de Madrid para visibilizar y denunciar el asesinato de mujeres, víctimas del terrorismo machista. Ni que ir trabajar pueda suponer morir en el tajo o perder la salud por la irresponsabilidad y la avaricia de algunos empresarios sin escrúpulos que anteponen su cuenta de resultados a la vida de las personas.

También en el año que concluye hemos asistido a los últimos coletazos de la persecución al derecho de huelga con vergonzosos juicios a sindicalistas, casi trescientos, por ejercer su derecho a formar parte de piquetes informativos durante las huelgas generales.

Sería inviable reseñar cada conflicto laboral que ha tenido a las Comisione Obreras de Madrid en la cabeza. En estos días de fiesta para la mayoría, estamos viviendo la lucha de la plantilla de Cuétara contra los despidos, o la de los trabajadores y trabajadoras de la restauración del aeropuertos porque AENA incumple sus acuerdos. Seguimos viviendo la infatigable pelea de Coca-Cola en lucha, enfrentados a la gran multinacional que no acata las sentencias de la Justicia  española.

Hemos vivido duros conflictos en la recogida de basuras de la capital o en la sanidad privada de la región, o ante ERES abusivos en el sector financiero, que acabaron con acuerdos. Estamos inmersos en la batalla en defensa de lo público y para que a los trabajadoras y las trabajadores públicos nos devuelvan lo arrebatado, con especial incidencia en aquellos sectores más relevantes para la ciudadanía como la educación o la sanidad. Ésta continúa cada mes reclamando un sistema justo a través de la Marea Blanca.

Ha sido 2017 en el que se ha atisbado un cierto renacer del dialogo social, en la Comunidad de Madrid con la firma del V Plan Director en Prevención de Riesgos Laborales. Un dialogo más sencillo con los nuevos ayuntamientos del cambio. Así, el acuerdo del Plan de Empleo de la ciudad de Madrid es un avance muy relevante para la ciudad; o la redacción con los municipios comprometidos con el refugio del documento “refugio y municipalidad”, una iniciativa ante la vergüenza que producen la actuación de los gobiernos europeos ante el olvido de lis derechos de  cientos de miles de personas que huyen del hambre, de las guerras y de la persecución.

Desde muchas perspectivas parece que por 2017 haya pasado el caballo de Atila, pero hay datos suficientes como para derribarlo en 2018. Aun a sabiendas que hay que pelearla, espero que sea 2018 un año repleto de justicia. Deseo sinceramente que el nuevo año sea el de la  reconquista de derechos, la igualdad y el progreso. Sin perder la alegría. Claro.