jueves 27/1/22

Menos sobornos

Hay una organización que responde al nombre de Transparencia Internacional que asegura que la corrupción ha disminuido en España, no por un correspondiente aumento de la moralidad pública o por un más riguroso imperio de la ley, sino por la crisis económica. La ecuación parece ser que a menos dinero disponible y menos actividad inmobiliaria, menos sobornos. Desconozco el sistema utilizado por Transparencia Internacional para evaluar en cifras concretas esta evidencia práctica, pero no es del todo consoladora ya que, si las cosas son así, y solamente así, la deseada recuperación económica nos devolvería a un desastre mayor.

El tema de la corrupción, tan vinculada al urbanismo y la construcción, constituye entre nosotros una paradoja y revela una grave deficiencia. Por un lado, su aparición no parece afectar a las aspiraciones electorales de los afectados y no porque no importe a los ciudadanos sino que, caso tras caso, se la endosan a los político en general y no a los sospechosos o culpables concretos, como si la diferencia entre estos y los demás fuese sencillamente que a unos les han descubierto y a los otros no. El distanciamiento de la sociedad respecto de la política tendrá, sin duda, algo que ver, aunque la consideración de que son “un problema”, como revelan las encuestas, responda también a otros parámetros. Esta consideración es, sin duda, una injusticia para con los políticos honrados y una traba para pagar adecuadamente la actividad política y de gobierno a fin de poder contar con los mejores. Si esto último tiene mala prensa es porque aquello, la sensación de corrupción generalizada, está más que asentado.

La tentación de los políticos es denunciar como impresentable la corrupción del adversario y mirar para otro lado, demasiado a menudo, con la propia. Sin pretender que el asunto deje de estar en el debate, convendría que los partidos, además de modificar su sistema de financiación, pacten las medidas legales para combatirla. Si se produce por los intersticios de las leyes, habrá que revisarlas. Si la Justicia no dispone de los medios para responder adecuadamente, habrá que dotarla razonablemente. Consolarse con que la crisis disminuye los sobornos es, sin duda, un vano consuelo.


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