sábado 22.02.2020

¿Una UE franco-alemana?

Acaba de celebrarse la reunión anual sobre temas de seguridad de Munich que congrega a responsables de las cuestiones mundiales de seguridad que, hasta hace pocas décadas, incluían, indiscutiblemente, las cuestiones de desarme.

Recordemos los acuerdos entre EEUU y la URSS para reducir sus arsenales nucleares (con el genial “Trust but verify” de Reagan); aquel para retirar de Europa todos los misiles de corto y medio alcance; y el acuerdo de reducción de armamentos convencionales en nuestro continente.

El desarme está ahora en un segundo plano, precisamente cuando se da credibilidad al empleo de armas nucleares de baja intensidad incluso contra ciberataques cuya autoría, por cierto, no suele ser de inmediata identificación. La supresión total de las armas nucleares no es, por otro lado, realista hoy en día y puede debilitar al TNP, un tratado crucial.

El terrorismo yihadista sustituyó la amenaza de una guerra nuclear mundial, sin perjuicio de otras cuestiones geoestratégicas como, entre otras, la eterna cuestión palestina; la aspiración iraní, contenida hoy en día, de tener la bomba nuclear; las bravuconadas norcoreanas; el retorno de Rusia como un importante poder regional; y la emergencia de China como potencia mundial.

Súmese en Europa la amenaza de una Rusia que ocupó ilegalmente Crimea e interviene en el resto de Ucrania; alimenta los conflictos congelados del Este europeo y en el Cáucaso; realiza actuaciones militares hostiles aéreas y navales en el Báltico y en el Atlántico, así como terrestres en las fronteras de la Unión Europea; expresando esa misma hostilidad en las redes para sembrar la confusión en sus antiguos enemigos. El Fiscal Especial norteamericano, Mueller, acaba de imputar por ello a 13 ciudadanos rusos.

En la Unión Europea el debate viene centrándose más en la defensa europea que en la gobernanza económica, en su compatibilidad con la OTAN, su coste, su duplicación, el incremento de sus gastos y la racionalización de sus industrias del ramo.

La llegada de Trump y el Brexit favorecen una defensa europea a pesar de que Trump ya no ningunea la OTAN y que los británicos desean mantener sus vínculos de seguridad con la UE. A partir de 2019 el Reino Unido ya no será comunitario pero la UE y el RU necesitarán una relación especial en materia de seguridad y, asimismo, en aquellos riesgos que impliquen a Rusia, o China, los EEUU serán unos aliados imprescindibles. La Alianza Atlántica sigue siendo necesaria.

Tendremos que esperar al 4 de marzo para saber si la bases del SPD convalidarán el acuerdo de gobierno negociado por sus dirigentes con Merkel. Un resultado favorable permitiría profundizar la Unión en su gobernanza económica y en materia de defensa, ambas íntimamente ligadas, aunque solo sea por los costes comunitarios de la segunda. En esta empresa, Macron ocupará la vanguardia, sable en alto, pero Merkel, desde la retaguardia, controlará la profundidad y el ritmo del proyecto.

Otros debieran unirse a este binomio para coadyuvar a una necesaria mayor integración europea. Para salir en la foto hay que ser de una de las tres Europas simbólicas: la de los seis fundadores; la del binomio franco-alemán y la de los muñidores situados junto al binomio. España solo puede estar en ésta última y debe sumarse.

Ahora bien, ¿cabe que una España emponzoñada en el conflicto territorial catalán, y con su democracia asediada por un salpicón de protorevolucionarios, alumbre ahora algún estadista para representarnos eficazmente en Europa como en su día lo hizo Felipe González? ¡Miren a su alrededor intentando no desmayarse! Sin embargo, es con crisis profundas cuando surgieron personajes históricos como Charles De Gaulle o Winston Crurchill.

Carlos Miranda es Embajador de España

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