viernes 23.08.2019

"El Tercer Home"

“El Tercer Hombre”, una vieja película protagonizada por Orson Welles, transcurría en la Viena ocupada y dividida por las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial. “El Tercer Home”, adaptación de Carles Puigdemont, también transcurre en alcantarillas y cloacas. 

Allí operan los diputados adictos al expresidente; los de ERC y PDECat, que pretenden no haber votado nunca una independencia verdadera; y los de la CUP, más valientes al respecto, aunque tengan a una fugada en un paraíso capitalista.

Al principio de este “remake”, rodado en flamenco en Waterloo, aparece Puigdemont furioso porque no consiguen restituirle como “President”. Finalmente, acepta serlo de una productora, “Fake News Catalonia”, radicada en Bruselas y participada por alcaldes carlistas catalanes con no se sabe qué fondos.

El “segon home”, Jordi Sánchez, que probablemente catalanizará su vergonzante apellido español (como presionan en la Comunidad valenciana mientras en Baleares echan a los médicos que no hablan catalán), mal visto hasta en la cárcel, surge a continuación como candidato presidencial, aunque esté encarcelado preventivamente por violencia de género contra la Constitución, vandalizar coches de la policía judicial e intento frustrado de robar de España el Principado.

La Justicia impide, sin embargo, este desprestigio de las Instituciones catalanas, si es que conservan algún decoro las pobres, vapuleadas por hijos y nietos separatistas como si fuesen jubilados abofeteados por retoños que les quitan sus pensiones. Además, para sorpresa de Puigdemont, atónito en la pantalla, la CUP tampoco favorece esta solución.

Es entonces cuando debe comparecer el “tercer home”, el de la salvación, el que completará la república catalana, esa que va en broma, la de mentirijillas, la que pone verde a España, la que ningunea a Felipe VI en el Mobile World Congress mediante Roger Torrent y Ada Colau, dejando mal al “Parlament” y al “Ajuntament”. ¿Por qué insultar al Rey si la independencia era una broma? 

“Porque son unos maleducados” me susurra, irritado, mi sobrino Evaristo que me acompaña en un cine independentista subvencionado con nuestro dinero, contaminado luego con el de ricachones separatistas que, después, querrán mandar aún más. Mariano Rajoy es ahora el Presidente de Cataluña, aunque haya delegado en su Vicepresidenta. ¿Cómo lo permite? pregunto a Evaristo. “Este 155 es un manchadito con muy poco café, y, además, descafeinado”, responde socarrón.

“¡Cállensen!”, conmina una voz en neocatalán, impaciente por descubrir al “Tercer Home”, quizás una mujer. Inundan la pantalla flashes de Jordi Turull, arrodillado ante el Manneken Pis de Bruselas; de Elsa Artadi, en una discoteca pija de Ginebra con Anna Gabriel; de Oriol Junqueras, adelgazando y santificándose en Estremera; incluso de Sor Lucía, la monja argentina separatista. ¡Menudo ridículo!

Se rompe la cinta. Encienden las luces. Alguien señala que seguirá el espectáculo cuando la reparen para continuar hacia un final glorioso. Nadie le escucha. Todos han abandonado la sala. Con sus palomitas en envases estelados, se miran desconfiadamente y afirman no haber asistido nunca a esa proyección

“Unos caguetas” me dice Evaristo en voz alta. “Ya lo decía Josep Pla”, añade. Le han oído y salimos corriendo. “¿Por qué nos habrían de perseguir?” le grito, perplejo, a Evaristo. “Llevo una bufanda merengue” contesta, jadeante, en el aeropuerto barcelonés. “No te hagas ilusiones, el Madrid no les preocupa esta temporada”.

Nos subimos al Puente Aéreo rodeados de tabarneses industriosos que van a Madrid a hacer negocios después del gran éxito de su concentración del domingo, con 200.000 asistentes. Igual consiguen una Autonomía desgajada de Cataluña. Ha ocurrido en otros países. Esa noche tuve una pesadilla: mientras nevaba, nuestros políticos se tiraban bolas de barro junto a un monigote de fango con una larguísima zanahoria por nariz.

Carlos Miranda es Embajador de España

Comentarios