miércoles 23.10.2019

Idolatrías de saldo

Quizás no sea éste el mejor día para criticar esto, pero la verdad, nacer hijo de rey, prepararte toda la vida para serlo con todas las miradas puestas en ti y, cuando por fin llegues al trono, que te vendan en un llavero o en un cenicero por cuatro euros la unidad no es que sea demasiado estimulante, me parece a mí. Hoy es la entronización de Felipe VI y España se ha volcado con su nuevo monarca en una idolatría de saldo.

Ya cuando Felipe y Letizia se casaron, afloraron en los comercios para ‘guiris’ toda suerte de estupideces inútiles como recuerdo

Es lo que tiene ser un personaje histórico; que en vida, si no ejerces el poder lo más común es que te pongan a parir y, si lo ejerces, que te adulen hasta echar de menos los insultos. Pero siempre será mejor esto en democracia (esto, y que pongan tu nombre a una calle o te conviertan en ‘caganet’), que antes, en la dictadura, cuando si no eras del Régimen y te significabas acababas en el paredón o en la cárcel de Carabanchel, hoy solar donde se alza un conflictivo Centro de Internamiento de Extranjeros, CIE, diferente del carcelario Fichero de Internos de Especial Seguimiento (FIES) en muy poco más que en dos siglas. Ironías del destino…

Ya cuando Felipe y Letizia se casaron, afloraron en los comercios para ‘guiris’ toda suerte de estupideces inútiles como recuerdo. Escalofríos me entran sólo de pensar que del día de mi boda pudiera quedar un juego de desayuno para la posteridad, de esos en los que tu cara aparece en una de las tazas y la de tu esposa (Letizia, en este caso), que es el amor que se supone de tu vida, en la otra. Pero es lo que hay. Y aun así, también prefiero esto a ver mi cabeza de sacacorchos. No quiero ni imaginarme a qué correspondería el punzón retorcido en espiral, ustedes me entienden…

Prefiero esto a ver mi cabeza de sacacorchos. No quiero ni imaginarme a qué correspondería el punzón retorcido en espiral, ustedes me entienden…

Nuestra historia, nuestros símbolos y nuestras instituciones las reproducimos a escala en figuras de escayola o de metal barato, o en peluches (¡puaf..!), y nos las venden los chinos a precio de oro en las tiendas de ‘sourvenirs’, tanto de las inmediaciones de la Puerta de Sol de Madrid como del recorrido de Las Ramblas de Barcelona, porque los “Horteras Sin Fronteras” no entienden de nacionalismos, ni gaitas. Sólo saben del negocio de sacarle los cuartos a los japoneses y otros visitantes foráneos, o a algún que otro español bienpensante y monárquico a ultranza, tan estrambótico como despistado.

Bienvenido a su reino, nueva Majestad Felipe VI: España en un “Todo a cien”. Lo más apropiado para la catadura moral de más de uno de cuantos rigen nuestros destinos patrios y con los que le tocará lidiar. Ojalá no termine Su Majetad mereciéndose un lugar destacado entre ellos, aunque su iconografía, y la de Doña Letizia ya estén acumulando polvo en las estanterías.

Idolatrías de saldo
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