martes 12.11.2019

Controlar al Papa

Se autodenominan laicos, y afirman que habrá que controlar al Papa, a ver qué dice, cuando visite Madrid en la Jornada Mundial de la Juventud. No sólo lo afirman; le piden a las autoridades que lo hagan.

Pues sí. Listos estamos.

En primer lugar, ¿por qué se definen como laicos? Poco derecho saben. Laicos somos todos los que no somos clérigos ni religiosos. El Papa habla además -sin que lo controlen, creo- de la sana laicidad. Y todos los especialistas -que los hay- saben distinguir muy bien entre Estados confesionales, aconfesionales o laicos, y laicistas. España, un Estado aconfesional o laico, posee en su Constitución un artículo, el 16, que obliga a los poderes públicos a tener “en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española”, que da la casualidad de que es muy mayoritariamente católica. Micho más que laicista, por supuesto.

Y el Papa les va a hablar a esos españoles católicos, que resultan ser los interesados en la Jornada Mundial de referencia. Y a otros centenares de miles de jóvenes, también católicos, que vendrán de todo el resto del mundo. Esas personas, como señala la Constitución -y la Declaración de Derechos Humanos de la ONU- poseen unas creencias. Y éstas inciden en su vida tanto privada como pública. Han de creer en unas verdades de fe, pero también han de educar a sus hijos, ejercer su libertad de expresión y manifestación, actuar en la vida social de acuerdo con unos principios éticos…; y hasta tienen derecho a dar su voto a aquellos partidos políticos que mejor encarnen sus ideales éticos, así como sus ideas económicas, culturales, científicas… Así es en toda democracia que se precie  

Y, díganme: ¿por qué un ciudadano puede escuchar al economista, o al militar, o al educador, que le proponen una conducta que ha de encontrar un reflejo en su vida pública, y no puede escuchar a la jerarquía de la Confesión a que pertenezca? Los dirigentes de partidos o grupos sociales de todo tipo no tienen que ser controlados, pero el Papa sí. ¿Habría que controlar también al Dalai Lama, o al Arzobispo de Canterbury, o al Gran Rabino de Israel, si viniesen a España y se dirigiesen a sus fieles exponiendo los principios de conducta que de sus creencias se derivan? Y no cito a los dirigentes musulmanes porque a esos, como aprietan duro cuando se les contradice, les tienen miedo y, de controlarles, nada.

Señores laicos de pacotilla, intolerantes en la realidad, antidemócratas negadores de la libertad de quienes no piensan como ustedes, temerosos de que la mayoría de los españoles les deje fuera de juego, amigos de su “ética” y enemigos de toda otra “moral” que no sea la propia, herederos de las grandes dictaduras, ¿no se dan cuenta de que la piel de oveja que les cubre se encuentra ya muy ajada y se les ve el plumero?

En nombre de la democracia -en la que nosotros sí creemos-, piensen como quieran, digan lo que quieran,  hagan lo que quieran. Pero no se les olvide que la libertad es un valor superior de nuestro ordenamiento constitucional y que el pluralismo es otro; controlen menos a los demás y más a sí mismos, que tienen mucho que aprender en materia de Educación para la ciudadanía, en el caso de que deseen ustedes proceder como ciudadanos bien educados.

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