jueves, julio 18, 2024
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El PSOE, un desastre en política inmigratoria

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José Virgilio Menéndez Medrano
José Virgilio Menéndez Medrano
Diputado en la Asamblea. Secretario General del Grupo PP en la Asamblea de Madrid.

Para que no queden dudas: la política migratoria de este gobierno sigue siendo un desastre.

Lo decíamos en un artículo en noviembre del año pasado y lo seguimos diciendo ahora. Si en aquel entonces titulé dicho artículo como “Escrivá, el creador del Amazon de inmigrantes”, y denunciaba la inexistencia de una política migratoria por parte del gobierno Sánchez, casi un año después la situación es igual o peor.

Ahora como antes, el gobierno que solo creyó en la cogobernanza y el reparto de competencias cuando se trataba de repartir responsabilidades y muertos en la época de la pandemia, a día de hoy sigue sin respetar el ámbito competencial de cada administración, comportándose con total deslealtad hacia las Comunidades Autónomas.

Dicho de manera coloquial: como no sé qué hacer con los inmigrantes que me llegan, yo te los envío y tu verás qué haces.

Un problema tan serio, pues estamos hablando de seres humanos que hacen viajes inhumanos jugándose sus vidas, una vez que han sido saqueados por las mafias que les tratan como mercancía, es tratado con toda la frialdad que es posible por un gobierno sin alma.

La gestión de los ministros de Sánchez, Marlaska desde Interior organizando expediciones clandestinas por la noche, y de Escrivá repartiéndolos también por la noche por las Comunidades Autónomas, a ser posible gobernadas por el PP (ojo al último ramalazo insolidario con el resto de España, con tintes muy racistas, de la Generalitat de no querer acoger más inmigrantes), raya lo delictivo. 

Y los que llegan a Madrid, gracias a la gestión de otro sanchista haciendo méritos en el PSOE de Madrid, el inefable Delegado del Gobierno, son, o bien hacinados en Barajas como hacen los países subdesarrollados con los refugiados que huyen de guerras, o bien trasladados a municipios casualmente también gobernados por el Partido Popular. 

Y cuando estos alcaldes o alcaldesas populares han denunciado esta manera de trabajar y este modo de tratar a unos seres humanos, rápidamente la VI flota mediática gubernamental (periódicos, digitales del bulo, o hasta programas televisivos satíricos) les han tratado como a integrantes del Ku Klux Klan.

Y por cierto, qué silencio más atronador de todos ellos callando cuando el alcalde de Fuenlabrada, otro candidato para suceder a Lobato, ha asomado su patita demagoga y siniestra, negándose a que la Comunidad de Madrid ponga en marcha un recurso asistencial en su municipio con las mejores atenciones para la integración y cuidado de los menores inmigrantes, abandonados en el buzón de Amazon correspondiente por el dúo Escrivá-Delegado. 

En una decisión que le califica, bordeando además la insubordinación a la Justicia, el alcalde de Fuenlabrada se ha aliado con los representantes de Le Pen en su localidad gritando No a los Menas. Otro por cierto: tampoco es la solución para abordar la inmigración, la que dan dichos aliados en España de Madame Le pen: devolverlos por donde han venido (muchos de ellos son sin papeles o apátridas), o la auténtica bobada, de trasladarlos a La Moncloa.

En cualquier caso, frente a todas estas zancadillas del negligente gobierno, de deslealtad con los legítimos gobiernos de las Comunidades autónomas (en el caso de Madrid, un gobierno respaldado por la mayoría absoluta de los madrileños) o de racismo demagogo, la Comunidad de Madrid, con la consejera Ana Dávila a la cabeza, va a seguir trabajando de manera responsable atendiendo a los inmigrantes como lo que son: personas en una situación vulnerable y muy complicada. 

Mientras tanto, desde el PP seguiremos reclamando que de una vez por todas se afronte el problema de la inmigración irregular de manera integral con políticas que ya tuvieron éxito en el pasado: trabajando en cooperación en origen, coordinándose con la Unión Europea y exigiendo un tratamiento especial y los recursos necesarios pues España es frontera sur de la Unión, combatiendo las mafias que se lucran con este traslado de inmigrantes, y teniendo claro que los países, las regiones y las ciudades y pueblos tienen la capacidad de acogida que tienen. 

Y cómo no, una vez olvidado y superado aquel tragicómico episodio del buque Aquarius montado con fines electoralistas, que afronten un problema humano de dimensiones globales, con la cierta altura y capacitación que se debe exigir a un Gobierno que ya no es precisamente nuevo.

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