lunes, diciembre 5, 2022

Precipicios

Una forma prehistórica de cazar animales grandes era la de arrinconarlos en lo alto de un despeñadero y empujarlos hacia su pérdida. Si se revolvían tenían, entonces, que enfrentarse a las lanzas de sus perseguidores y morir también. Un dilema perdedor. Es el punto preciso al que han llevado al PSOE sus diversos responsables políticos. Tras el bochornoso espectáculo a cuenta del motín iniciado por los críticos del partido, sin perjuicio de que Pedro Sánchez no hubiera conseguido, antes, mantener la unidad del mismo, el problema socialista sigue siendo el de todo el año, pero, actualmente, sin apenas cartas que jugar. 

Dicen los duros del Partido Popular que no bastaría una abstención ramplona de los socialistas para la Investidura. Exigen que se comprometan, además, a aprobar los presupuestos gubernamentales durante la legislatura. Si los socialistas no responden adecuadamente a esta provocación, saldrán aún más trasquilados sin perjuicio de que Rajoy desautorizara, teóricamente, el jueves pasado a sus matones ideológicos. 

Le quedan al PSOE apenas tres semanas para determinar su rumbo ya que a finales de este mes se disolverán las Cortes si no hay gobierno. ¿Podrán en estas tres semanas atar bien los cabos para no quedar luego descolgados si optan por la abstención? Difícil, no tanto por el plazo como porque siguen desunidos. 

La otra opción es afrontar unas elecciones que a Rajoy le convienen porque, dicen, darán más escaños al PP y menos al PSOE que, esta vez sí, sería rebasado por Podemos. La dignidad socialista quedaría a salvo, pero no su cartera de votos y escaños birlada por unos y por otros.      

¿Por cuál de estos dos precipicios querrán despeñarse? ¿Qué obtendrían los críticos, salvo haberse manchado con la sangre de Sánchez, si prefieren una elección perdida? ¿Por qué dificultó en enero el Comité Federal pactar con Rajoy, con el PP y con los podemitas mezclados con independentistas, para acabar absteniéndose ahora? 

Si optan ahora por dejar a Rajoy en la Moncloa, llegarán tarde porque el momento para un pacto políticamente rentable fue en enero pasado. Ya decía por esas fechas Felipe González que si no se podía gobernar había que dejar hacerlo. Entonces casi nadie en el PSOE quiso pactar algo con el Partido Popular.  

Bien es verdad que dejando al Presidente del PP en la Moncloa parece que se avala una permisividad ante la corrupción aplazando la regeneración de la política española. En enero, e incluso en julio, se podrían haber impuesto condiciones serias al PP para moralizarla además de pactar una reforma constitucional, todo ello con la ayuda de Ciudadanos, con los que en Génova siguen contando como si no hubiera ocurrido nada desde la Investidura fallida de Rajoy. 

Los catalanes independentistas siguen acechando y no están solos. El Senado no es el adecuado para desempeñar una función autonómica o federal. También se podían haber negociado rectificaciones de las políticas económicas, sociales, de sanidad y de educación, entre otras. ¿Está ahora el PSOE en mejores condiciones para hacerlo?

La única buena noticia reciente para el PSOE ha sido la selección de Javier Fernández, Presidente de Asturias, un socialista con prestigio y buena trayectoria, al frente de la gestora del partido. Sus principales valedores son los críticos, pero no parece una marioneta de ambiciones ajenas. Señalar, como ha hecho, que no es lo mismo abstenerse que apoyar es una obviedad, pero era necesario decirlo sin que se rasgaran todas las vestiduras socialistas. También considera que el PSOE se ha “podemizado” al querer competir con Podemos en los terrenos propios de este último partido. Un error. Pablo Iglesias y los suyos torpedearon a los socialistas en marzo pasado para dejar a Rajoy en La Moncloa. Iglesias no se enmienda, pensando que radicalizando a los suyos conseguirá su meta de desbancar a PSOE en el predominio de la izquierda. 

Queda ahora la primera prueba de fuego para Fernández. Abstenerse o elecciones, además de conseguir la unidad del partido. El comité Federal lo decidirá, pero si sale bien parado, el Presidente asturiano debiera ser el siguiente Secretario General socialista y su próximo candidato a la Moncloa. Susana Díez encabeza las quinielas, pero bastante se ha quemado en el derribo de Sánchez.

Carlos Miranda

Embajador de España

Carlos Miranda

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