sábado, diciembre 3, 2022

Otra gota de más

El mismo día de la fallida investidura de Rajoy nos acostamos con el nombramiento de José Manuel Soria como representante español en el Banco Mundial. La continuada insensibilidad regeneracionista del Presidente en funciones quedó en evidencia una vez más con esta selección de un político recientemente dimitido por no decir la verdad.

Que lo fuera sobre una cuestión fiscal es casi irrelevante. Faltar a la verdad es para cualquier político, y más si es Ministro, inaceptable. Así ocurre en los países de la Unión Europea que debieran de ser nuestros modelos.

Faltar a la verdad es para cualquier político, y más si es Ministro, inaceptable

Esta cuestión ha enervado incluso a la militancia pepera. Rajoy tuvo que dar marcha atrás enseguida. Soria ha dejado claro, por su parte, que en este asunto sus amigos -Rajoy y Guindos- le han dejado caer con la misma facilidad que le nombraron con nocturnidad, publicitándolo durante la resaca posterior a la Investidura fallida para encubrirlo. Y eso que Rajoy había firmado antes un pacto con Rivera para moralizar la política española.

Soria tendría que haber renunciado de motu propio y no a requerimiento de sus mentores. El ex-ministro debiera reubicarse como funcionario, por ahora, en puestos más discretos en los que las circunstancias de su final político no desdoren la imagen de España y los hay bastantes fuera de España en los que esto último puede ocurrir. Buen funcionario, probablemente, pero él solito se metió en ser un político finalmente trasquilado por una razón de la que no puede presumir.  

Parece lógico preguntarse porque bastantes responsables del PP han reaccionado esta vez para que su César rectificara. No ocurrió en otros episodios en los que también mostró Rajoy un desprecio a la sensibilidad democrática más elemental o una ignorancia de la misma, siendo igual de rechazables cualquiera de estos dos motivos.

El más grave fue cuando animó con unos mensajes a un Bárcenas encarcelado. ¿Con qué objetivo? Proponer a Fernández Díaz, tocado por actuaciones en Cataluña que bien pudieran ser improcedentes, para presidir las Cortes fue otra señal de que no alcanza a comprender lo que es una democracia transparente necesitada, además, de recuperar prestigio. Añadamos, por ser la noticia coetánea con ésta de Soria, que el denunciante de las actividades aparentemente impropias de Aristegui y De la Serna afirmó ese mismo viernes pasado ante un Juez de Instrucción que antes de denunciarlas a la Fiscalía Anticorrupción avisó a La Moncloa…..

La marcha de Rajoy impulsaría un gobierno del PP si ofreciese otro líder que pudiese asumir la regeneración en nuestra vida política

Rajoy piensa que todos sus comportamientos han sido avalados al haber sido su partido el más votado en las dos últimas elecciones. Craso error. Eso sería impunidad política, lo que se pretendía con Soria. La reiteración de estas conductas incrementa la dificultad para la aceptación de Rajoy al frente del gobierno español por otras fuerzas políticas. No es el Presidente que ahora necesita España sin perjuicio de que sus vasallos intenten culpar a Guindos que, de todas maneras, ha fallado al ser cómplice en esta jugada en la que los tres amigos –Rajoy, Guindos y Soria- están implicados.

La marcha de Rajoy impulsaría un gobierno del PP, con o sin coalición, si este partido ofreciese otro líder o lideresa que pudiese asumir la regeneración necesaria en nuestra vida política. En la derecha piden que «a cambio» se vaya Sánchez. Puede que ello ocurra también, pero no por necesidad regeneracionista en el PSOE. Ésta ha tenido ya lugar y con Sánchez. Donde no ha ocurrido es en el PP a cuyo frente lleva Rajoy 13 años. Por eso debe irse cuanto antes para facilitar la rehabilitación en su partido y promoverla en España.

Su sucesor/a tendría entonces que entenderse con el Secretario General socialista y sería ese el momento de la verdad para éste último porque parece difícil que pueda organizarse un gobierno sin el PP aunque el atrincheramiento de Rajoy puede acabar provocando cualquier cosa, incluso un “gobierno Frankenstein” u otras elecciones en Navidad en las que Felipe González pide, si tienen lugar, que ninguno de los dos “no investidos” se presente. Debiera este nuevo caso Soria ser una gota más que colme el vaso de la cicuta para que Rajoy acepte que con su marcha se resolvería el actual bloqueo político.

La guinda de todos estos pasteleos es la negativa de Rajoy de responder al Parlamento elegido por los españoles con el pretexto de que está en funciones. ¿Vivimos en una verdadera democracia o en un régimen autocrático a lo Erdogán o a lo Putin?

Carlos Miranda

Embajador de España 

Carlos Miranda

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