jueves, diciembre 1, 2022

Sánchez el malo

Las voces del Estadio Olímpico se han apagado y la riada de noticias deportivas que durante muchos días inundó los periódicos está próxima a secarse. Toca volver a la realidad, que en lo político sigue marcada por las negociaciones para formar un Gobierno que permita superar la parálisis institucional y que libre a los electores de acudir en Navidad a votar por tercera vez.

Los presuntos equipos negociadores del PP y de Ciudadanos han pasado tres días encerrados en busca -dicen- de acuerdos para sumar los 32 diputados con que cuenta el partido de Albert Rivera a los 137 que tiene el de Mariano Rajoy. Acuerdos, coincidencias, puntos de encuentro, conformidades, llámenlos como quieran, que sirvan para justificar ante la opinión pública una decisión que los líderes de ambos partidos ya tomaron hace semanas y presentarla como el fruto de un debate político de altura.

Porque, ¿alguien duda de que el PP y Ciudadanos quieren lo mismo?

Las noticias filtradas por sus portavoces hablan de supuestos encuentros y desencuentros programáticos en torno a la economía, el empleo, la lucha contra la corrupción y la regeneración democrática. Cuestiones que los tienen muy ocupados pese a ser evidente que están de acuerdo en los asuntos de fondo, que son primero asegurar la investidura y después el poder.

Por eso, aun sin querer, dan a entender que la cosa está hecha. El vicesecretario de Organización del PP, Fernando Martínez-Maillo, avanzó al término de la sesión de este martes que el acuerdo estará hecho “el último día” de esta semana, o sea el viernes. Y tras pasar de puntillas sobre la reunión se recreó en reclamar a Pedro Sánchez que se abstenga en la investidura.

Con este telemaratón, el PP y Ciudadanos buscan acaparar la atención pública y tener un altavoz diario para presionar a Pedro Sánchez

En este contexto hay que preguntarse qué sentido tiene estirar hasta el infinito la supuesta negociación y hacer todos los días las mismas declaraciones. La única respuesta cabal es que con este telemaratón el PP y (en menor medida) Ciudadanos buscan acaparar la atención pública y tener un altavoz para presionar a diario a Sánchez para que bendiga la formación de un Ejecutivo de derechas, encabezado por Rajoy y con Rivera de escudero.

Los encargados de acentuar esa presión son ahora el citado Maillo y la vicesecretaria ‘popular’ Andrea Levy. La consigna ahora no es culpar a Sánchez de que Rajoy no tenga apoyos suficientes para formar Gobierno, sino de todo lo malo que le pueda ocurrir a España si no alcanza su propósito. Levy, que en febrero rechazaba la investidura de Sánchez porque “sería una humillación” para los votantes del PP, apela ahora al sentido de Estado de los socialistas: “Esto no va de votar al PP, sino de votar a España y los españoles”. En la misma línea, Maillo volvió a acusar a Sánchez de “boicotear” por intereses personales la solución a los problemas del país y de forzar con su empecinamiento el cataclismo de unas terceras elecciones.

Vuelve el «por España”, tan recurrente en la derecha, que lo mismo sirve para tapar debilidades propias que para justificar arbitrariedades o para acusar de deslealtad al adversario. Un recurso al patriotismo que pretende presentar a Sánchez ante el electorado de derechas como el malo de la película, el enemigo de España, la única persona que podría evitar el presunto desastre que nos acecha y no quiere por puro egoísmo. Sin embargo, hay otro sector que no lo ve así y está muy tranquilo. Lo forman millones de votantes que dieron su apoyo al PSOE como alternativa al PP y que jamás perdonarían al líder socialista que utilizara sus votos para apuntalar en el poder a Rajoy.

PP y Ciudadanos se pasan el día sentados unos frente a otros, pero en realidad tienen la vista puesta en Sánchez. El líder socialista, por su parte, sigue firme en su postura y observa los acontecimientos desde la distancia, con la esperanza de ver a Rajoy humillado en la sesión de investidura. Ese día comenzará la segunda temporada de este serial veraniego. Por la izquierda, Podemos y Compromís repiten que existen alternativas a la disyuntiva Rajoy o elecciones y proponen formar una mayoría distinta. Todo indica que a este culebrón aún le quedan capítulos más allá del debate de investidura. Permanezcan atentos.

César Calvar

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