sábado, diciembre 3, 2022

26J, una oportunidad para el cambio

A las puertas de unas nuevas elecciones generales, los principales sondeos de opinión sitúan a los cuatro partidos nacionales -Partido Popular, Partido Socialista, Unidos-Podemos y Ciudadanos- en la necesidad de llegar a acuerdos para formar gobierno, pues ninguno de ellos obtendrá la mayoría absoluta. En este escenario, PP y Podemos buscan la polarización de la campaña con el fin de alimentar la estrategia del miedo y repartirse, así, los votos de la derecha y de la izquierda. La pinza entre PP y Podemos se aleja, en fin, de cualquier reflexión a medio plazo en beneficio de España, y busca desangrar al PSOE en beneficio de Podemos y ralentizar la emergencia del proyecto de renovación de Ciudadanos en provecho del PP. Es decir, ambos persiguen acabar con la moderación y con la centralidad política en España, con tal de obterner réditos electorales.

Pareciera como si la derecha corrupta de Rajoy y la izquierda radical de Iglesias hubieran olvidado las sabias palabras del maestro Cervantes, cuando recomendaba no ser “siempre riguroso ni siempre blando”, proponiendo, en consecuencia, escoger “el medio entre estos dos extremos”.

A mi modo de ver, el PP ha renunciado a todo esfuerzo por convocar a los votantes moderados y, obviando el consejo cervantino, ha desistido de situarse en el medio entre los extremos. A día de hoy, tengo la sensación de que el partido de Rajoy da aire a las alas de Podemos y pacta con ellos el “fugaz enconamiento” televisivo de sus líderes, en detrimento del Partido Socialista porque, haciéndolo, moviliza el “voto del miedo”, el voto de los que ven como una auténtica tragedia política y económica la posibilidad de que un virtual gobierno de Pablo Iglesias haga tabla rasa de los logros conseguidos durante estos decenios de democracia, desarrollo y libertad en España. Lo que no consideran estos votantes es que, probablemente, hoy no gobierna en España la Izquierda populista gracias a la irrupción de Ciudadanos, que cortacircuitó cualquier posibilididad de acuerdo entre Sánchez e Iglesias, al ofrecer su moderación a los socialistas, tras la renuncia de Rajoy a tomar la iniciativa política que le correspondía por número de escaños.

En su juego de tronos, Unidos-Podemos se afana ahora en presentarse ante los medios de comunicación bajo la etiqueta de la socialdemocracia, con su catálogo programático de Ikea, en un intento de arrebatar al Partido Socialista su liderazgo en la izquierda moderada, al menos simbólicamente. Pero mientras los dirigentes populistas hacen su teatro en los platós y ante las cámaras de televisión, en la calle, las bases de la izquierda radical atacan las mesas informativas de Ciudadanos y boicotean los actos de Albert Rivera.

No tengo datos suficientes como para afirmar que dichos ataques estén coordinados desde Unidos-Podemos, así que no lo haré, pero sí deseo dejar constancia de que estas agresiones a la libertad de expresión y a la libertad política están teniendo lugar. Lo vimos al inicio de la campaña, por ejemplo, en Madrid, en el distrito de Puente de Vallecas, donde jóvenes radicales de izquierda se dirigieron a los militantes de Ciudadanos que repartían propaganda electoral en una mesa informativa autorizada al efecto, increpándoles y diciéndoles que ellos no tenían derecho a estar allí, en su propio barrio, para seguidamente dar patadas a sus pertenencias. Igualmente lo vimos en el mitin que Albert Rivera pronunció en Barcelona el pasado día 11 de junio, donde radicales independentistas de la CUP intentaron reventar su alocución al grito de “rompamos España”.

Estos comportamientos de profunda intolerancia política no son casuales, desde luego. Y deben hacernos reflexionar sobre los modos de operar de los que se definen como los verdaderos demócratas pero que actúan, simple y llanamente, como aprendices de dictadores. Aunque pienso, como Henry Kissinger, que “El comunismo encuentra gran audiencia allí donde no gobierna”, confío en la madurez política de la sociedad española. Y, en esa idea, creo que España necesita algo más que enfrentamientos entre extremos.

Espero, en consecuencia, que los votantes socialdemócratas voten a Ciudadanos o al PSOE y que los votantes de centro-derecha, moderados y honrados, retiren su voto al Partido Popular en favor del partido de Rivera, porque el PP actual, además de alimentar la estrategia del enfrentamiento y la ruptura en España, mantiene como candidato a presidente del gobierno a un señor que es el máximo responsable político de la corrupción y el latrocinio más feroz.

El PP necesita una profunda regeneración de ideas y, sobre todo, de personas que, desde luego, no podrá ser jamás encabezada por Mariano Rajoy, rehén superlativo de los papeles de Bárcenas y de los mensajes de móvil pidiendo fortaleza a su tesorero preso, cuando ya se sabía que ocultaba 48 millones de euros en bancos de Suiza.

Con la emergencia de Ciudadanos, el partido de vocación centrista, los españoles ya no están obligados a elegir entre el radicalismo de izquierdas que encarna Pablo Iglesias, o la derecha de Rajoy, con sus corruptos a cuestas, para propiciar un cambio efectivo en España.

Decía el viejo Churchill que la política es más peligrosa que la guerra, porque en ella se puede “morir más de una vez”. Yo espero que España, tantas veces muerta por políticos y políticas revanchistas y rupturistas, no fallezca este 26J de la mano del Partido Popular y de Unidos-Podemos. Lo que España necesita, a mi juicio, es consolidar un espacio de centro, plural, basado en la profundización y defensa de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, y que se identifique ideológicamente con lo mejor del liberalismo progresista y de la socialdemocracia europea, un lugar político y programático en el que quepan la gran mayoría de los españoles. Y ese sitio no puede ser ocupado a día de hoy ni por el PP ni por Podemos, pues representan justamente lo contrario: la dualidad, el enfrentamiento, la cosificación y la grieta.

Creo honestamente que en estas elecciones nos jugamos la posibilidad real de la regeneración política en España, profunda pero sensata, a corto, pero sobre todo, a medio y largo plazo. Empezaba mi artículo señalando que creo en la cultura democrática de los españoles y lo termino reafirmándome en ello. La idea no es ir los unos contra los otros, sino construir un punto de encuentro, un lugar donde cuantos más quepamos, mejor. Ese es el gran cambio que podemos impulsar el 26J.

Ignacio Perelló

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