lunes, febrero 6, 2023

Para hacérselo mirar

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Ayuda tomar distancia de las cosas para verlas con mayor perspectiva. Pero resulta difícil tomar distancia cuando uno tiene que coger un avión y volar a una ciudad golpeada por el terror y por la interminable sucesión de noticias sobre fallos y descoordinaciones que ayudan a facilitar a los terroristas la comisión de sus acciones criminales.

Mientras Bruselas trata de recuperarse de la brutalidad padecida, mientras Bélgica y toda Europa asiste entre asombrada e indignada a los detalles que se van conociendo de la investigación de los atentados y los tropiezos en la detención de los culpables –ahora te detengo, ahora te suelto porque no tengo pruebas pero te mantengo, o no, porque no está claro, los cargos–, mientras se suceden redadas antiterroristas en múltiples países de Europa y en Francia se evita un nuevo atentado, en Egipto secuestran un avión justo una semana después de los atentados de Bruselas y a dos de los secuestrados no se les ocurre otra cosa que hacerse una foto con su captor.

Sí, la cosa quedó en nada y, por tanto, todos podemos reírnos, incluso a mandíbula batiente, de las fotos y de la decisión de los secuestrados de acercarse al secuestrador para pedírsela, una temeridad con final feliz dada la falsedad del cinturón de explosivos que portaba el secuestrador y sus nulas intenciones de causar más daño que el provocado con el desvío del avión a Chipre.

¿Sólo temeridad, inconsciencia? ¿O no nos dice algo peor, la banalización de un acto criminal, la falta de respeto ante el sufrimiento de quienes han padecido situaciones reales de secuestro o quienes han perdido seres queridos en secuestros con final dramático, la nula empatía con las víctimas de atentados terroristas reales, la absoluta rendición a la cultura del espectáculo con una de las fotos copando portadas y corriendo como la pólvora por las redes sociales? Para hacérselo mirar, sin duda.

Como para hacérselo mirar, sin duda también, la ausencia del presidente del Gobierno en funciones de la cumbre antiyihadista convocada por Barack Obama. Cuando sabemos de la muy despejada agenda de Mariano Rajoy, clama al cielo que el presidente de un país que ha sufrido el mayor atentado yihadista de la historia en suelo europeo decida ausentarse del foro de Washington no se sabe muy bien por qué dado que si hay un ámbito en el que existe un amplísimo consenso en nuestro país ese es, precisamente, la política antiterrorista con casi todos los grupos políticos presentes en el pacto contra el terrorismo yihadista.

Quizás se deba a que el presidente en funciones pretenda embridar en este tiempo de descuento el déficit, ese caballo que anunció como candidato a presidente que domaría con solo pisar La Moncloa y que no ha conseguido controlar ni uno solo de sus años al frente del Consejo de Ministros, tal y como se ha constatado con el tantas veces negado y finalmente admitido incumplimiento del compromiso de déficit público de 2015, en lo que constituye la auténtica medida de su acción de Gobierno: un fracaso muy caro para el bolsillo, el bienestar y las expectativas de futuro de cada ciudadano de este país.

Quizás es que espera asistir al milagro de que las demás fuerzas políticas, ahora que parece que se ha iniciado la temporada de cesiones en algunos que se muestran dispuestos a renunciar a cargos para los que se habían autonombrado, cedan gustosamente a su pretensión y se plieguen ante su deseo de que le dejen formar gobierno sin más, porque sí, porque lo dice él, que de esto sabe porque lleva toda la vida, que hasta ha sido concejal y presidente de diputación…

O quizás es que se trata simplemente de Mariano Rajoy, un hombre que si algo sabe es esperar. Aunque el mundo ni espere ni se detenga.

José Blanco

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