lunes, diciembre 5, 2022

Crisis y más crisis de Sánchez

La economía empieza a crepitar levemente. No es algo ajeno a esta novedad tenebrosa las dudas que se transforman en deudas generadas por Pedro Sánchez con su baile de San Vito entre Ciudadanos y Podemos. No sabemos mucho del contenido real de sus pactos, sobre todo en economía, sólo conocemos las declaraciones secas y tartamudas de Sánchez y las pretensiones de sus parejas de baile en cada momento. Pretensiones que en el caso de Iglesias siguen siendo pretenciosas. Y lo que es peor, sobrevuela el buitre nacionalista que venderá caro su permiso. Con la aparición de los nuevos partidos no ha desaparecido el poder nacionalista en la Carrera de San Jerónimo, al contrario, ha aumentado, ya está completamente infiltrado y dominante en Podemos. Habrá que preguntar al electorado del Partido Socialista si es su voluntad quedar al socaire de Compromís, la CUP disfrazada, las enloquecidas Mareas y Esquerra Republicana. Yo estoy seguro de que no.

La política es sobre todo economía, y no se ve mucho de economía en esos prepactos o protogénesis de pactos

Mariano Rajoy presume con causa del éxito económico de su gestión política. Con mucha razón. Ha costado un Potosí. Pero un esfuerzo de cuatro años y grandes sacrificios de la sociedad española pueden irse al garete si asume el poder un Partido Socialista cuyo único programa es el destino laboral de Pedro Sánchez. La cuestión es la incógnita. Sí, la incógnita, valga la paradoja. La incógnita indesvelada y por lo que se ve indesvelable sobre las medidas de alcance económico importante que un hipotético gobierno de Sánchez llevaría a cabo. Si subirá los impuestos a las clases medias o no, todo huele a que sí y de forma espeluznante; si aceptará las recomendaciones europeas para salir de la crisis o no, Podemos ya afirma rotundamente que no; cuál será el monto de las transferencias de dinero contante y sonante que se dirigirán al nacionalismo de todo tipo sobre todo a la dispendiosa Generalitat para lograr al menos su abstención, es decir, su venia; y a quién y cómo le quitará ese dinero, algo que preocupa a Susana Díaz; qué tratamiento dará a las Sociedades, empresas y emprendedores, y todo parece que su programa económico al respecto solo les indica la frontera. Hace falta un nuevo Valle-Inclán para describir lo que se nos vendría encima. La política es sobre todo economía, y no se ve mucho de economía en esos prepactos o protogénesis de pactos. No se ve, pero lo que se intuye nos envía a un escenario entre la estupefacción y el infierno.

No dudo de las buenas intenciones y sobre todo de las ganas de quedar bien de Ciudadanos

Sánchez solo genera crisis. Con que parezca que lejanamente pudiera gobernar los indicadores tiemblan. En su propio partido lo saben y creen que satisfacer sus ansias puede conducir a la destrucción del Partido Socialista a corto-medio plazo.

No dudo de las buenas intenciones y sobre todo de las ganas de quedar bien de Ciudadanos. Han querido aparecer como partido constructivo y están en su derecho. Pero hay muchos peros. Una campaña electoral se puede mantener a golpe de titular. Una acción política constructiva necesita de la reflexión, el matiz y el detalle. Y eso se les puede escapar y hacer que se le escapen muchos votos. Puede estar ocurriendo. Si entran en el combinado con Podemos de una u otra manera no creo, creo que nadie cree, que sus votantes coincidieran con esa decisión.

Lo sólido y natural es el Gran Pacto

Lo sólido y natural es el Gran Pacto. Sé que a un partido que ha querido destruir al PP a base de demonizarlo, de desacreditar de la forma más burda y cruel los necesarios remedios al desastre del testamento económico de Zapatero, le tiene que resultar muy difícil llegar al acuerdo que el país necesita porque le supone un desenmascaramiento de sus excesos que, por cierto, más que acabar con el PP alumbraron el nacimiento de Podemos.

Ese Gran Pacto es posible. Es absolutamente necesario. Puede rebrotar la crisis, las amenazas existen, y España necesita un Gobierno con una indiscutible mayoría parlamentaria, un programa posible y realista que salve las estructuras de nuestro bienestar y que sea capaz de mantener la paz social. Y no harían falta nuevas elecciones. Pero si las hay y el resultado se pareciera al actual el talante socialista debiera cambiar. Del todo.

Juan Soler

Senador de España

Juan Soler

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