lunes, febrero 6, 2023

Los Mohedano y la «Chiqui-teta»

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Los Mohedano son como la Familia Monster. Él, tan feo como Herman. Su mujer, Rosa Benito, tan altiva y estirada como Lily. Y la hija, Chayo, tan inútil para la audiencia como Marylin, la sobrina. Pasan los años y ellos siguen viviendo de la televisión, como lo hicieron en los sesenta Fred Gwynne, Ivonne de Carlo y Pat Priest. 

Telecinco es casi ya como su segunda casa. Han desfilado por la mayoría de los programas que la cadena dedica o ha dedicado en los últimos años a los «asuntos del corazón». Y duran, y duran… Cuando no está uno, está otro, o varios de sus miembros a la vez. Ahora, incluso pueden presumir de haber pasado los tres por un reality de la casa (ya sea 'Grah Hermano Vip', como la hija, o 'Supervivientes'). El cabeza de familia incluso podría compartir experiencia con el que pudo ser su yerno y es el padre de uno de sus nietos, Antonio Tejado, si es que éste se recupera a tiempo de las dolencias por las que tuvo que abandonar la isla.

Sus líos sentimentales, de cuernos y desavenencias, más aquellos en los que se ha metido el «tito» Ortega Cano y su hijo, y hasta las trifulcas por la hacienda de la «tita» Rocío Jurado, darían para un culebrón de más capítulos que cualquier venezolano de éxito. 

Por eso quizás ha recurrido el programa 'Supervivientes' a Amador, en una edición que languidecía a marchas agigantadas por culpa del responsable del casting, y éste, de momento, ya les ha dado la mejor cuota de pantalla de esta temporada. 

Quiero entender que sea por eso y no por cosas tan desagradables como la teta de Chiqui. La «hobbit» de la isla, que tiene una voz más insoportable que ella, que ya es decir, se sintió picada por Jorge Javier, que le ofreció «lo que quieras» por enseñar un pecho (el presentador realmente está enfermo), y de repente, mientras preparaba la mudanza, se lo mostró por sorpresa a toda España mientras se agitaba el mismo y gritaba con su desagradable timbre: «Mi marido, aquí». 

El marido estaba en el plató, seguramente avergonzado y preguntándose en qué horita daría el «sí quiero», y, afortunadamente, ni la imagen era muy buena (no sé si la difuminarían a posta para que los niños no sufrieran un trauma irreparable, en un día en el que podían estar viendo en directo la gala por aquello de no haber colegios), ni la amiga de Blancanieves jugó muy limpio con el presentador, pasándose primero tierra del mar por su seno, para que no se viera claramente su pezón. Hay que tener en cuenta que aquí no la habían pagado tan bien como lo hizo Interviú por lucir sus «encantos».

La culpa del mal trago, de que tuviera que cambiar de canal, la tuvo un Jorge Javier que parecía sentirse bien en el papel de depravado fetichista, pues con anterioridad también había pedido a la realización que mostrara primeros planos del trasero de Rebeca, que al parecer se había puesto «coloradito» por la caída del helicóptero. Sólo le faltó pedirle a algún concursante masculino que se bajara su bañador para ver… Cualquier cosa. Eso sí, tampoco descarten que lo haga en un futuro.

La mosca

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