martes, febrero 7, 2023

Los tópicos viejunos de Wert

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Nadie niega la necesidad de una profunda reforma de la Educación en España, tan profunda que casi traería más cuenta hacerla nueva, de nueva planta. Sin embargo, salvo Wert, todo el mundo sabe que esa transformación tan ideal como necesaria habría de hacerse en sentido contrario, diametralmente opuesto, al que pretende el Gobierno y su ministro del ramo. La Universidad, por ejemplo, sólo necesitaría reconocimiento y recursos para convertirse en lo que se espera de ella, el vivero técnico, científico, artístico e intelectual de la nación, y no, desde luego, vedarla a los hijos de los trabajadores, entre los que se encuentran, que no en el mundo pijo y brutal de los adinerados, los cerebros más despejados del país.

Las piedras que arroja Wert caen sobre el tejado de la Educación, hecho añicos por decenios de estulticia política

A Wert lo que le pasa, aparte de ser Wert, es que se cree muy listo no siéndolo, y ello por la menesterosidad derivada de alternar sólo con sus pares, con sus correligionarios, con los que piensan, es un decir, como él. El ex-empleado de banca y ex-contertulio, que acaso pudiera dar algo más de sí en punto a ideación si su trato con la realidad fuera más rico y desprejuiciado, maneja en su caletre todos los tópicos conservadores, reaccionarios más bien, sobre la Educación Pública. Diríase que en su vida ordinaria, y no digamos a lo largo de su formación, hay carencias y lagunas que difícilmente pueden llenar, sino antes al contrario, los títulos, el dinero o el sectarismo que en él es tan denso e impenetrable. Con esas limitaciones podría, como tantos, defenderse como particular, e incluso hacer fortuna y recibir toda clase de premios a consecuencia de ello, pero no puede ser ministro de Educación, y mucho menos atreverse con una ley para su reforma, pues en ese caso, cual ocurre, pasa lo que pasa.

No nos engañemos: a Wert le han dicho que tiene que recortar tantos cientos o miles de millones de la Educación Pública, desde párvulos hasta la Universidad, y es lo que se propone hacer, para lo cual podía ahorrarse, y ahorrarnos, su filosofía viejuna y sus tópicos sobre el aprovechamiento escolar más viejunos todavía. La pena infinita es que esas piedras que arroja Wert caen sobre un tejado, el de la Educación, hecho añicos por decenios de estulticia política.

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Rafael Torres

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