viernes, diciembre 9, 2022

Julián Assange

Cuando Julián Assange abrió WikiLeaks, allá por 2006, todos los demócratas y amantes de la libertad de expresión nos alegramos. Incluso, mostramos nuestra euforia. Después, ese optimismo fue bajando al ver que, fundamentalmente, WikiLeaks publicaba documentos que intentaban dejar mal a EEUU o a algunas de sus personalidades políticas. Incluso, no entendíamos la razón de la publicación de documentos que podían poner en peligro algunas actuaciones contra el terrorismo islámico en Afganistán.

La cosa se complicó más aún cuando nos dimos cuenta que nunca publicaba documentos sobre la dictadura de los Castros en Cuba o de Corea del Norte o del apoyo de Hugo Chávez a la narco guerrilla colombiana. Y, finalmente, WikiLeaks dejó de tener credibilidad cuando, en Agosto de 2010, la fiscalía sueca abría una investigación contra Julián Assange por presunto acoso sexual. Algo muy serio porque la acusación no la hacía el fiscal de una república bananera si no el fiscal de una nación tan importante como Suecia, donde las garantías procesales son casi extremas.

Como era natural y, ante la petición sueca, Gran Bretaña detuvo a Assange, aunque quedó en libertad bajo fianza. Y partir de ahí todo se convirtió en una gran batalla legal a favor y en contra de la extradición a Suecia del creador de WikiLeaks.  El 31 de mayo de 2012, el Tribunal Supremo británico dio luz verde a esa extradición.
Como la cosa se le complicó a Julián, sus abogados decidieron politizar el tema. Y tras varias peripecias diplomáticas, eligieron Ecuador para que se refugiase en su embajada de Londres y pidiese asilo político. Ecuador es un país de la órbita chavista que reunía todos los ingredientes para movilizar a la progresía mundial a favor de este personaje. Les daba lo mismo la acusación de acoso sexual de Suecia ni las garantías de los tribunales británicos. Lo importante era proteger a Julián y movilizar a la izquierda mundial contra EEUU que es el gran malvado que está detrás de todo.

Y en esas estamos. Julián se refugió en la embajada de Ecuador y Ecuador le ha concedido asilo político con lo que se ha creado un conflicto diplomático internacional.
Un conflicto en el que Ecuador terminará siendo el gran perdedor por mucho pecho que saque ahora jaleado por la progresía. Entre otras cosas, porque está defendiendo a un señor acusado de acosador sexual y eso tiene difícil defensa.
Para empezar el Reino Unido no reconoce ese concepto de ‘asilo diplomático’ otorgado por el país sudamericano ya que la inmunidad diplomática no debe ser utilizada para dar refugio a supuestos delincuentes y, en segundo lugar, porque hablamos de Suecia donde se le procesará con todas las garantías legales.

Estoy convencido que Gran Bretaña jamás asaltaría la embajada ecuatoriana como han filtrado sus abogados para solucionar el problema. Podría hacerlo, pero no lo necesita. Todo lo resolverá diplomáticamente porque, por mucho que se empeñen los abogados de Assange y los medios de comunicación de la izquierda, la postura que está defendiendo Ecuador es insostenible.
Por cierto y antes de que me olvide, en el equipo de abogados de Julián Assange figura Baltasar Garzón. Sin comentarios.

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La sonrisa de la avispa

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