jueves, diciembre 1, 2022

Es momento de dar a conocer lo de la visión

Resulta revelador que transcurridos prácticamente cuatro años de presidencia Obama, tantas conversaciones con funcionarios de la administración sigan empezando con una letanía de lo mal que iban las cosas con George W. Bush, verbigracia: el equipo Obama se enfrentó a dos guerras exteriores, una agresiva al-Qaeda, una profunda desconfianza entre aliados, una economía estadounidense agitada. Heredaban un mundo de desgracias.

¿Y ahora qué hay? Los funcionarios de Obama recitan su catecismo de éxitos. Osama bin Laden está muerto y al-Qaeda dispersa; las tropas vuelven de Irak y gradual pero inexorablemente de Afganistán, América es más popular fuera. El país ha cerrado el capítulo. Los malos años Bush son historia.

Es una actuación impresionante en muchos sentidos, y la política exterior podría ser realmente el punto fuerte de Barack Obama cuando haga campaña el año que viene. Pero he aquí una advertencia a las autoridades de la Casa Blanca: Obama no se postula contra Bush. Matar los dragones de antaño no basta; son los nuevos peligros y retos lo que importan.

En vísperas de año electoral presidencial, la política exterior de la administración es amplia en medallas del pasado y breve en claridad estratégica de cara al futuro. En lugar de medirse con su predecesora, esta Casa Blanca debería de mirar hacia 2012 y más allá: ¿Cómo influye Obama en el mundo en una segunda legislatura? ¿Cuál es la visión estratégica que anima sus políticas?

He aquí tres áreas en las que Obama debería de elaborar lo que George H.W. Bush llamaba «lo de la visión». Estos problemas van a encabezar la agenda global tras las elecciones de 2012, y Obama debería de empezar explicando cómo los abordaría:

— El «despertar político global». Zbigniew Brzezinski, el visionario antiguo asesor de seguridad nacional, utilizó este terminó en 2008 para describir la creciente importancia ciudadana en la era de internet. El movimiento se extiende con rapidez. Un año que empezó con la Primavera Árabe acaba con la disidencia pública contra Vladimir Putin en Rusia. La revista Time elegía al «indignado» como persona del año.

Pero como con cualquier revolución, no es seguro que estos levantamientos vayan a dar lugar a mayor apertura y libertad, o a la ley de la selva acompañada de una nueva oleada de autoritarismos. Una lección de la historia norteamericana es que las revoluciones fructíferas han de consolidarse a través de un texto constitucional claro y una declaración de derechos que ampare a los particulares y a las minorías. Espero que Obama convierta esto en un motivo de 2012.

— Un «relanzamiento» con Pakistán. Obama comprendió con razón que la guerra en Afganistán tenía que vincularse a la estabilidad en Pakistán, pero este enfoque está saliendo por la culata — con un Pakistán militarizado camino de convertirse en el primer «estado disfuncional» nuclear del mundo. Una fuente paquistaní compartía el deprimente texto de una orden de mando fechada el 30 de noviembre dirigida por el General Ashfaq Parvez Kayani, jefe del estado mayor, a sus filas. Trataba el incidente fronterizo del 26 de noviembre que costó la vida a 24 soldados paquistaníes de acto deliberado de agresión estadounidense y advertía: «No dejaremos que los agresores salgan airosos».

Cuando Pakistán habla como si estuviera en guerra con América, es hora de pulsar el botón de reinicio. Un nuevo comienzo debería de apoyarse en el suceso más positivo de la región: la mejora reciente de las relaciones India-Pakistán, y su interés compartido en evitar una guerra civil en Afganistán. Un Pakistán que comercia más con la India será más próspero, estará más unido al despertar político global, más seguro a nivel militar y será más capaz de sobrevivir como democracia.

— Una estrategia integral cuerda para Irán. Los candidatos Republicanos vienen vertiendo amenazas imprudentes de intervención militar contra Teherán. Para darles réplica, Obama necesita un enfoque alternativo claro para disuadir al programa nuclear de Irán.

He aquí una estrategia iraní que sería dura pero no demencial: sanciones que mutilen de forma gradual la capacidad exportadora de Irán, para que Teherán se vea obligado a elegir entre ser exportador de crudo o potencia nuclear; un plan estadounidense de contingencia para reabrir el Estrecho de Ormuz en cuestión de una semana si Irán intenta cerrar el paso, y preparativos cuidadosos con los aliados de Europa, Asia y el Golfo para que presionar a Irán no haga saltar una economía global ya inestable.

La administración viene trabajando en una estrategia iraní así de pragmática, y el presidente debería de enunciarla dentro de poco. Es la mejor respuesta a los convincentes llamamientos a bombardear Irán de Newt Gingrich y los demás Republicanos.

Obama puede hacer campaña como presidente de política exterior, pero sólo si afirma públicamente sus planes con mayor claridad — dejando de medirse con la trayectoria de Bush, sino explicando lo que hará si logra una segunda legislatura.

 

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David Ignatius

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