martes, febrero 7, 2023

Ducha especial

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A ella le gustaba ducharse. Y no tanto por higiene como por placer. Le gustaba que el agua caliente cayese sobre su cuerpo desnudo. Decía que le tonificaba. Que le daba la vida. Que le excitaba.

Y debo reconocer que, siempre que podía, me gustaba mirar cómo lo hacía. Me gustaba ver cómo se lavaba sus genitales, cómo se lavaba sus pechos e, incluso, cómo se lavaba su largo pelo con mechas rubias. Sin más. Sólo por el placer de ver su hermoso y bien proporcionado cuerpo desnudo.

Cuando ella estaba en la ducha, yo entraba en el cuarto de baño con cualquier excusa para poder mirarla. La verdad es que siempre pensé que a ella le gustaba que yo entrase y mirase como se duchaba porque ella, cuando sentía mi presencia, aumentaba sus tocamientos de una manera lasciva al tiempo que me mostraba, como por accidente, sus partes más íntimas. Pero nunca lo pude comprobar. Yo, simplemente, miraba. Como un voyeur. Ansioso por buscar mi excitación. Lo que, en la mayoría de las veces, conseguía. Pero ahí terminaba el juego.

Un día, no recuerdo con que excusa, entré en el cuarto de baño mientras ella se duchaba y la encontré sentada en una esquina de la bañera poniéndose mi espuma de afeitar en su Monte de Venus… El vaho del agua caliente se había pegado a los cristales de la ducha y creo que no sintió mi presencia o, al menos, yo no vi que hiciera ningún gesto que lo indicara. Así, mi sesión de voyerismo, aquella vez, iba a ser verdadera.

Se embadurnó con mi espuma, cogió una maquinilla de afeitar especial y se dispuso a rasurarse. No sé si era porque aquello no se lo había visto hacer nunca o porque me excitaba que, esta vez, no supiera que yo estaba allí, el caso es que tuve un subidón de morbo que me produjo una gran erección.

Ella, mientras, se pasaba la cuchilla una y otra vez sobre su Monte de Venus y sobre las cercanías de su vulva con tal maestría y precisión que me provocaba de una manera inusitada… Tanto, que me bajé los pantalones, me senté en la taza del wáter y me dispuse a acariciarme viendo aquel espectáculo.

En un momento dado, se levantó, se dio la vuelta, se agachó y se embadurnó de jabón su puerta trasera, disponiéndose a afeitársela también…

Ya no pude más. En ese instante, me levanté de la taza, me desnudé y entré dentro de la bañera. Por la risa erótica que le entró, me di cuenta de que sabía de mi presencia, de mis tocamientos y que todo había sido una estratagema de provocación.

A mí ya me daba igual. Yo ya estaba tan caliente que no me afectaban las risas ni nada. Pero cuando me dispuse a penetrarla, volvió a darle a la manecilla del agua y un gran chorro cayó sobre mí con gran sorpresa. Se volvió a reír. Después, cogió la ducha de teléfono y apuntó  a mis genitales… Sin darme tiempo a reaccionar, los enjabonó deslizando su mano sobre ellos y, aprovechando lo resbaladizo que estaban, jugó con ellos durante un ratito.

Como, a mí, el agua de la ducha, aunque esté caliente, hace que me baje el deseo, me dejé hacer hasta que decidió pasar los chorritos de agua sobre ellos y le quitó el jabón. En ese instante se volvió a sentar en una esquina, cerró la ducha y se dispuso a hacerme una felación en toda regla. Yo no quería eso exactamente. Lo que yo quería era penetrarla. Pero ella me agarró las nalgas y se dispuso a hacérmela como muchas veces había dicho que me lo haría. Pasando de la sensibilidad a la dureza. Metiendo mi pene y sacándolo a ritmo o lentamente. La verdad es que todo era muy placentero y empecé a aceptar la situación. Pero aún me quedaba la sorpresa final…

Sin que me diese cuenta, cogió un poco de gel de ducha, embadurnó mi ano con él y se dispuso a masajearlo y a percutirlo…

Aquello fue demasiado para mí y alcancé el clímax inmediatamente, derramándome sobre su pecho. Fue tan brutal que me tuve que sentar en el borde de la bañera para no caerme.

Ella se volvió a reír. Entonces, abrió el agua de nuevo y, allí mismo, delante de mí y mientras le caía el agua en la espalda se puso a tocarse con una gran pasión. Y esta vez, en serio.

Estas memorias están teniendo, afortunadamente, una gran aceptación entre los lectores. Lo demuestran el gran número de visitas que tiene semana tras semana y los comentarios que recibe. Por eso, de acuerdo con la dirección de Estrella Digital, he pensado realizar, dentro de la sección, un Experimento sexual: quiero que los lectores de ‘Memorias de un Libertino’ puedan publicar también sus relatos.  Sus sueños. Sus experiencias. Sus deseos ocultos.

El tema erótico será libre. Sólo pido que el texto no sea mucho más de un folio de extensión y que mantenga un mínimo de buen gusto. Se podrán firmar con seudónimo y se respetará el máximo de discreción. Tanto se respetará que los relatos NO deberán enviarse a la redacción de Estrella Digital sino a [email protected] Este es un correo creado, especialmente, para recibirlos y para que sirva también para aclarar cualquier duda o consulta.

Por supuesto, si alguien lo solicita, puedo también ayudarle literariamente a mejorar su texto.

La idea del Experimento sexual partió de un relato publicado recientemente y firmado por Laura Van D.  

Esperamos recibir muchos relatos.

Memorias de un libertino

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