domingo, diciembre 4, 2022

El aroma del poder

No sé si se han dado cuenta pero hasta en los Telediarios se empieza a tratar a Mariano Rajoy y al PP como si ya hubieran ganado las elecciones. Lo vemos también en el espacio que dedican los periódicos a las actividades de Rajoy y a las del resto de los candidatos.

Lo más llamativo de esta campaña es que el PP ha optado por una táctica la más de inteligente: su candidato no entra a ningún trapo. Que desde el PSOE le acusan de querer acabar con el Estado del bienestar, él impertérrito no responde y habla solo de lo que le conviene, y como lo que le conviene es no «mojarse» con nada sus opiniones son totalmente ambiguas y ligts.

Y es que en el PP no quieren poner en peligro los augurios de las encuestas que se han publicado en los últimos días y que son contundentes: el PSOE dejará de gobernar el próximo 20 de noviembre y Mariano Rajoy se convertirá en presidente del Gobierno. Seguramente será así, aunque no olvidemos que somos los ciudadanos los que de verdad tenemos la última palabra en las urnas. Eso sí, las encuestas indican una tendencia o mejor dicho reflejan a la perfección el desafecto creciente de los ciudadanos para con el PSOE.

No es que Mariano Rajoy sea el candidato deseado o que Pérez Rubalcaba se haya convertido en un desastre de la noche a la mañana, es sencillamente que los ciudadanos quieren un cambio porque han dejado de confiar en el PSOE. Esto es algo que se palpa en la calle y que por tanto los dirigentes socialistas saben mejor que nadie, de ahí que se dediquen a darse ánimos los unos a los otros, intentando poner buena cara a la tormenta que se les avecina.

Para Pérez Rubalcaba no debe de ser fácil tener que afrontar una situación como esta. Sus compañeros le aceptaron como candidato a la presidencia pensando que era el único que podía parar la sangría de votos, pero la realidad es que ni Rubalcaba con sus múltiples habilidades es capaz de taponar la herida.

Ya empiezan a oírse las primeras críticas: es un buen «segundo» pero no tiene las cualidades de «número uno». Más o menos eso es lo que se decía de Rajoy. Yo misma lo escribí en alguna ocasión refiriéndome al hoy líder indiscutido del PP. Mariano Rajoy sufrió una dura derrota frente al PSOE y nadie daba un duro por él, es más en su partido cuestionaron abiertamente su liderazgo. Pero aunque ahora todo el mundo le haga la pelota lo cierto es que continúa sin ser un líder de los que entusiasman. Naturalmente eso no quita, ni quitaba en su día, que no sea un político capaz. Pero otra cosa es el liderazgo.

Ahora la gente se agolpa alrededor de Rajoy porque este huele a poder. Sí, el poder huele, y los hombres que lo tienen o están a punto de tenerlo desprenden un olor especial. Lo mismo que el fracaso también huele.

Y hoy Rajoy huele a poder y Rubalcaba a perdedor, de manera que ya empieza a ser habitual el espectáculo que allí donde Rajoy aparece se le forme de inmediato una «corte» mientras que Rubalcaba comienza a saborear la amargura de la soledad precisamente porque todos le saben perdedor.

Lo que está por ver es, si efectivamente se confirman las encuestas, qué hará Pérez Rubalcaba el día después. Es decir si luchará por convertirse en secretario general y aguantar el tirón hasta que el PP se desgaste y el PSOE pueda volver a gobernar o si por el contrario hará mutis por el foro, o incluso si otros candidatos le ganarán en el próximo congreso del PSOE.

En todo caso con Rajoy yo he aprendido la lección. Hace ocho y no digamos hace cuatro años, yo era de las que pensaba que lo mejor que podía hacer Rajoy era dar paso a alguien con más tirón de su partido, y ya ven ahora está en puertas de convertirse en presidente. Naturalmente debo de ser la única que dice en voz alta que no creía en el «tirón» de Rajoy, porque ahora será difícil encontrar a alguien que no diga que siempre vio en él las cualidades de un gran líder y que es el más listo, el más alto y el más todo del mundo mundial.

Pero vuelvo a Pérez Rubalcaba, y yo le diría que resistir es vencer, de manera que si tiene ganas, fuerzas y ambición suficiente (y creo que de las tres cosas anda sobrado) no tiene más que esperar. Rajoy es el espejo en el que se puede mirar.

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Julia Navarro

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