martes, diciembre 6, 2022

La guerra santa del movimiento de protesta fiscal Tea Party

Los evangélicos, advertía el teólogo de izquierdas Albert Outler, «quieren una sociedad gobernada por aquellos que conocen la palabra de Dios. El nombre técnico de eso es ‘teocracia’, y su Napoleón, les guste o no, es Jimmy Carter». Cuando Carter resultó ser menos napoleónico, George W. Bush fue identificado como «el primer príncipe de los estados teocráticos de América». Bush, según un relato totalmente ficticio, se convirtió al «Dominionismo», una especie de wahabismo cristiano, a través de los pastores de la congregación pentecostal de las Asambleas de Dios, que le brindaron «formación explícita».

Ahora resulta que los héroes del movimiento de protesta fiscal tea party son teócratas en el armario. «Si desea entender a Michele Bachmann y a Rick Perry», sostiene Michelle Goldberg en Newsweek/ Daily Beast, «comprender el Dominionismo es imprescindible». Un reciente perfil del New Yorker firmado por Ryan Lizza aduce que Bachmann se ha visto influenciada por un amplio abanico de pensadores teocráticos que habrían declarado la guerra santa cristiana. 

Como es propio de las sectas religiosas esotéricas, sus fieles se disfrazan bajo un amplio abanico de nombres: Reconstruccionistas, Teonomistas. La Nueva Restauración Apostólica. Republicanos. Todos comparten en apariencia una fe, según palabras de Goldberg, en que «los cristianos tienen un derecho divino a gobernar todas las instituciones terrenales».

El objetivo Dominionista es la imposición de la versión cristiana de la sharia islámica en la cual los adúlteros, los homosexuales y quizá los menores rebeldes serían sometidos a la pena capital. Basta para quitar el sueño a cualquier suscriptor del progresista New Yorker. Pero reviste un problema: el Dominionismo, aunque poseedor de ambiciones cósmicas, es un movimiento cuyos practicantes cabrían en una cabina telefónica. Los seguidores del filósofo calvinista R.J. Rushdoony publican más libros que conversos atraen. 

De forma que es imprescindible dar de sí un poco el argumento. Por reconocimiento general Perry no asiste a los servicios de ningún templo  Dominionista, ni expone argumentos Dominionistas, pero en una ocasión se permitió ser predicado por ciertos personajes sospechosos. Bachmann asistió en una ocasión a un centro con una publicación jurídica especializada que afirmaba ciertas cosas inquietantes. Fue asistente de un catedrático que en una ocasión participó en una convención que incluía a unos invitados alarmantes. La fe de ella en que los tipos impositivos federales no deberían superar el 10%, explica Goldberg, es «frecuente en los círculos Reconstruccionistas».

¿Pruebas de que Bachmann podría tolerar la pena capital a los adúlteros? Que es partidaria de mantener bajos los tipos impositivos marginales.

Bachmann es propensa a las exageraciones del movimiento de protesta fiscal y a los clichés de la derecha religiosa. Se expuso a las críticas al recomendar una obra que plantea cierto revisionismo de la Guerra Civil en el Sur. Pero no hay ninguna prueba en las carreras de Bachmann o de Perry de que quieran convertir América en un campo teocrático de confinamiento.

Si esta clase de ataques resulta familiar es porque debería. No se trata únicamente de un debate sino de un estilo de debate. Críticas a una figura pública que cogen una vinculación marginal y la convierten en un examen gnóstico, la llave interpretativa que abrirá cualquier puerta. Barack Obama se formó en tiempos en una dinámica comunitaria vinculada a Saúl Alinsky, cuya organización fue objeto al parecer de influencias comunistas. Y todos sabemos lo que eso significa. O: el padre de Obama era un keniata anticolonial y socialista originario del lago Victoria y, bueno, de tal palo tal astilla. No tiene ninguna importancia que no exista ninguna prueba rigurosa de influencia filosófica política del padre sobre el hijo. 

Muchos han perdido los nervios a cuenta del poder interpretativo de una idea simple. En el caso del Dominionismo, la paranoia es alimentada por una cierta visión de las relaciones entre la iglesia y el estado,  motivo de incomodidad acusada con cualquier influencia religiosa en política: ni siquiera si los más evangélicos planean la reconstrucción de las antiguas colonias británicas de Cromwell van a querer imponer no obstante sus opiniones religiosas a las instituciones seculares. Es un argumento común entre los izquierdistas seculares que la aplicación de cualquier razonamiento moral religiosamente constituido a la política constituye una especie de teocracia blanda. El Dominionismo es simplemente su ampliación local.

Como siempre, este argumento resulta ser excesivo, al convertir en Dominionista al reverendo Martin Luther King Jr. Obama, según este rasero, también será Teonomista, con la prueba de su discurso de Llamamiento a la Renovación de 2006, refutación del secularismo político.

Tales muestras de secularidad manifiestan una notable ausencia de consciencia. Como cualquier ideología, ésta tiene orígenes filosóficos objeto de debate. Pero aun así los secularistas dan por sentado a menudo que su opinión constituye la definición de neutralidad, y que por tanto merece un lugar privilegiado en el ámbito público. El argumento de que la religión es fundamentalmente intolerante brinda por tanto la excusa para despacharle un trato intolerante. El pluralismo se define como la censura de la gente de creencias religiosas. Las acusaciones de Dominionismo cogidas con alfileres son simplemente otra tentativa de desacreditar a los rivales en lugar de responderles, siguiendo la misma tradición de las acusaciones de anticolonialismo keniata cogidas con alfileres. Es más fácil, después de todo, pretender una conspiración que participar de un debate.

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Michael Gerson

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