miércoles, diciembre 7, 2022

El odio cabalga en tierra de Don Quijote

El episodio al que asistimos en Castilla-La Mancha está resultando tan escandaloso como vergonzante. Los más cabales añadirán que es impropio de la clase política, aunque los realistas afirman que se trata de algo que se podía esperar. Y en efecto, así es. Las dos anteriores legislaturas, especialmente la última, se han caracterizado por ser una carrera de despropósitos entre los dos únicos partidos presentes en las Cortes Regionales. En honor a la verdad, y la hemeroteca lo demuestra, la actitud del Partido Popular en estos cuatro años ha sido la de tensar la cuerda en todo aquello que pudiera perjudicar al gobierno socialista. Una estrategia, como otra cualquiera, y que tan buena cosecha le proporcionó el pasado 22-M. Tras los resultados de mayo resultaría inútil afear la crispación que los populares llevaron a Castilla-La Mancha o la prepotencia de la que hizo gala en numerosos ocasiones el gobierno socialista. Los electores premiaron a unos y castigaron a otros por eso, y probablemente, por muchas más cosas.

El caso es que al PP se le ha presentado una ocasión única: gobernar en una región por primera vez desde la Democracia. Las mayorías absolutas de Bono primero y Barreda después, junto a la suma de una política errática y un discutible criterio en la elección de candidatos, llevaban siempre al PP a la segunda fila del parlamento.

Ahora no. Ahora el Partido Popular espera los días para formar gobierno después toda esa larga travesía.

La victoria de María Dolores de Cospedal es, sin duda, histórica y para la que ha tenido que invertir siete años. En el intento, sobre todo en los cuatro últimos, se ha valido de políticos sedientos y ambiciosos –como ella misma, lo que es muy legítimo- por llegar al poder. Pues ya lo tienen. 

Ahora es el momento de la mesura y de evitar las prisas por llegar a un gobierno que los ciudadanos les han negado durante treinta años. Lejos de degustar la felicidad del triunfo, el PP parece inclinado a ensombrecer su logro. Los políticos que han acompañado a De Cospedal hacia la victoria podrían no ser los adecuados en la nueva singladura. Sus ansias desmesuradas e inexperiencia aderezada por lo que parece mala fe, les ha llevado a difundir calumnias e infamias con el ánimo de desacreditar, no solo a Barreda, sino al socialismo gobernante en general. Si legítimos son los resultados populares de hace unos días, igualmente lo son todos los anteriores del PSOE. Las acusaciones que han realizado son tremendamente graves, tan graves que deberían presentar pruebas si las tienen. Lo mínimo que se les puede exigir es que las muestren ante el juez o ante los medios de comunicación. Si no lo hacen habrán demostrado que se trata de mentiras. La respuesta del gobierno saliente tampoco parece muy propia de su trayectoria, aunque la humillación y los insultos les puedan parecer una justificación para haber suspendido oficialmente el traspaso de poder.

Todos parecen haber olvidado que las victorias se administran con generosidad, y las derrotas, con franqueza y ánimo.

Y lo que es peor, todos sin excepción han olvidado que moran en la tierra de Alonso Quijano, donde se desfacían entuertos en lugar de crearlos. Muy triste.


Editorial Estrella

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