miércoles, diciembre 7, 2022

José Ortega Cano

Cómo siento que el torero José Ortega Cano vaya a terminar su vida de manera tan cruel. Porque no le va a matar un toro, pese a lo gran torero que ha sido, sino que lo harán las cornadas de la vida. Incluso, aunque sanase de sus heridas, estará muerto.

Siempre le oí decir al gran Tico Medina que Manolete, cuando le corneó el toro en Linares, quería morirse. Que estaba cansado de vivir. Yo creo que al maestro Ortega Cano le pasaba igual: estaba cansado de vivir.

El día que se casó con Rocío Jurado entró en un mundo de cuchillos afilados que desconocía. El día que murió Rocío los cuchillos le tiraron a matar. Y el torero, que sabía defenderse en la plaza hasta de los toros alimañas, no sabía defenderse fuera de ella de los gañafones que le lanzaba su propia gente.

Hace años que me da pena verle arrastrar su gallarda figura. Ya no era un torero. Era un juguete roto en manos de la prensa del corazón y de los programas basura de televisión.

No quiero con esto justificar el accidente que ha tenido con el resultado de muerte de otra persona inocente que pasaba por allí… Ni siquiera quiero explicarlo. Dicen que iba a una velocidad inadecuada y que invadió el carril contrario y eso es inexcusable. Digo que a mí, me entristece su cuesta abajo y este final. Porque José fue un torero muy grande. Tan grande que ya está en la Gran Historia del toreo por la faena que le hizo al toro Belador, de la ganadería de Victorino Martín, en Las Ventas y al que el público indultó el 19 de julio de 1982. El único toro que se ha indultado en Las Ventas.

Y algo que yo conservo aún vivo en mi memoria.

Pinocchio

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