domingo, febrero 5, 2023

Jornada de reflexión

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No tengo claro que en esta ocasión se pueda denominar con  propiedad “jornada de reflexión” a la que habitualmente precede al día de las votaciones, según prescribe el Artículo 53 de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General. Y no lo tengo nada claro porque las circunstancias que se dan estas vísperas del 22-M contienen ingredientes que aun antes de preocuparnos nos incitan a la perplejidad y a la sorpresa.

Las concentraciones multitudinarias y pacíficas que se están produciendo en muchas ciudades de España, especialmente en la Puerta del Sol y en la Plaza de Cataluña, suscitan algunas incógnitas para las que nadie parece tener respuesta, a decir por el desconcierto de la clase política y de la ciudadanía que ha llenado las redes sociales de comentarios. Prevalecen las opiniones al movimiento espontáneo de los manifestantes, principalmente jóvenes, movidos por el desencanto y la precariedad a que se ven sometidas sus vidas en una sociedad incapaz de dar cabida a unas reivindicaciones que no se sabe muy bien en qué consisten.

Movido o no por intereses que no dan la cara, es lo cierto que un sector cada vez más numeroso de la población española está siendo empujado hacia la marginalidad. No son solamente jóvenes. Hay en la concentración hombres y mujeres que rondan la cincuentena, aunque, por lo que hemos podido ver in situ, el mayor contingente es el de esa juventud que no encuentra sitio en el mundo laboral, y que de encontrarlo se ve sometida a salarios con los que no pueden atender los mínimos vitales ni acceder a la vivienda.

¿Indignados que reaccionan? Muy posiblemente. Pero cabe preguntarse, aun conociendo de cierto la situación en la que se desenvuelven y el futuro nada optimista que les aguarda, cual es verdaderamente su petición, que se nos antoja del todo abstracta a decir por la poca o nula concreción con que hablan ante las cámaras o publican en los millares de carteles artesanales colgados en la Puerta del Sol. Y es que la presunta solución a sus problemas sólo puede venir del sistema democrático, conducida por de sus legítimos representantes, los políticos elegidos por la soberanía popular. No cabe ningún otro cauce para redimir a nuestra juventud. Porque el indeterminado modelo que pretenden, una democracia con apellido (real), a muchos nos pone la carne de gallina. Ya tuvimos en España otra democracia con apellido: orgánica, de nefasto recuerdo para cuantos la padecimos. La democracia a secas es lo que hace libre y fuerte a los pueblos, y en estas concentraciones se ejercen derechos democráticos que seguramente ningún otro sistema político toleraría.

Ni al PSOE ni al PP les ha gustado un pelo esta escenificación del descontento en vísperas de unas elecciones. Sin embargo, el líder de IU ha mostrado su apoyo y satisfacción por el movimiento juvenil. Podemos deducir a quién puede beneficiar en su caso la imprevista movida en las plazas más singulares del país. Los millones de españoles que pasamos una buena parte de nuestra vida sin poder acudir a las urnas, debemos observar con recelo la pretensión de obviar a las instituciones democráticas, conquista irrenunciable desde la muerte del dictador.

Pero de igual manera, la voz de millares de jóvenes en nuestras calles debería servir para que en esta extraña jornada de reflexión la clase política se pusiese a cavilar sobre un fenómeno que, de no encontrar respuesta, puede ir a más. Para los políticos, en primer lugar, debería ser esta su gran jornada de reflexión la víspera del 22 de mayo.

Francisco Giménez-Alemán

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