martes, febrero 7, 2023

Elecciones

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Hay elecciones dentro de un par de días. Hay un Gobierno que, utilizando el dócil instrumento del Tribunal Constitucional, ha permitido que ETA concurra libremente a las mismas. Hay un PNV inconsciente e irresponsable, que no parece darse cuenta de que el día en que el País Vasco fuese independiente de España serían ellos el nuevo blanco de las pistolas, las nuevas y primeras víctimas de ETA, que por supuesto no sueña con la independencia para gobernar luego en alianza con un Partido burgués. Hay un Partido, el PSOE, que prefiere apoyar a ETA, aún sabiendo -que lo saben- todo eso, con tal de perseverar ellos en el poder, aunque sea un par de meses.

Hay cuantos ejemplos históricos se quiera de que lo que digo es la verdad. Las grandes dictaduras ¿cómo han accedido tantas veces al poder, sino aprovechándose de la debilidad, la ceguera, la cobardía o el egoísmo de los Partidos y de los gobernantes? Y lo peor es que esto también lo saben, pero no les importa ser el pasadizo por el que se nos cuela el terror; de momento chupemos, y tiempo habrá de ponerse a salvo.

Tal es uno de los puntos flacos más terribles de las elecciones del domingo: los criminales sentados en las poltronas. Un punto flaco seguro, y que hay que dar por descontado.

Pero hay otros. Con uno había también que contar, el otro ha sorprendido a tirios y troyanos. Empecemos por el primero.

Nuestras absurdas leyes electorales permiten dos barbaridades: que partidos con una mínima cuota de votos a nivel nacional ocupen escaños que otros grupos solamente alcanzarán con el apoyo de bastantes más electores, lo que se traduce en que media docena de diputados dicta su voluntad a todo el Parlamento en la medida en que el Gobierno vive de su apoyo; y, en directa relación con lo anterior, que contra la victoria de los vencedores gobierne una alianza de perdedores unidos solamente en la ambición de mandar.

Sigamos por el segundo. De pronto, y nadie parece saber de dónde han salido ni qué pretenden, la Puerta del Sol madrileña, y otros tantos espacios semejantes de otras varias  ciudades, se han llenado a rebosar de inconformistas. Hay tantos motivos para estar disconformes que no puedo reprocharles que lo estén. Pero hoy por hoy no saben lo que quieren, ni por qué se reúnen, ni qué pueden conseguir, ni cuánto van a durar, ni cuántos son. Incluso no saben a quien va a favorecer su actitud. ¿Tal vez a la derecha? Puede ser: hay votantes de derechas que, acaso confiando en lo favorable de las encuestas, o no muy entusiasmados con sus políticos, habían pensado no votar. ¿Se asustarán y sí que votarán? O ¿tal vez a la izquierda? ¿Tal vez Rubalcaba, que no se avergüenza de pedir “por favor” que se les vote, les parecerá un personaje, o el PSOE un Partido, más “suyos” que la derecha “capitalista”? O ¿tal vez no favorecerán a nadie? ¿Será tal vez verdad que los rechazan a todos porque quieren una “Democracia real ya”? Lo de “ya” lo he oído tantas veces, y siempre ha querido significar que ya veremos… ¿Y lo de real? ¿Se habrán de verdad dado cuenta de que lo que el PSOE nos viene imponiendo desde hace años no es una democracia? ¿Tendrán en cartera una nueva “democracia”? ¿Tan, o no tan mentirosa como la presente? O, simplemente, no tienen en cartera nada, se abstendrán y tal día hizo un año.

Yo me lo tomaría en serio. Están pasando cosas, muy diferentes cosas, difíciles de traducir. El mundo musulmán de pronto es más frágil de lo que parecía. De pronto matan a Bin Laden y no arde el planeta. Dinamarca comienza a cerrar sus fronteras. En Finlandia gana un nacionalismo tildado enseguida de ultra derecha. En Francia, la señora Le Pen encabeza las encuestas. En Inglaterra, el desgaste del primer año de gobierno no lo pagan los conservadores sino los liberales. En Perú hay que elegir entre un líder indigenista y una hija de Fujimori. Y ahora resulta que en España hay masas capaces de inquietarnos y que a ver a donde conducen.

¿Puede todo ello ser el anuncio, aún inicial, de un cambio de ciclo histórico, o son solamente anécdotas?  Y, aquí cerca y ya mismo, ¿estaremos ante un episodio o ante un acontecimiento?

Alberto de la Hera

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