sábado, diciembre 3, 2022

Cosas que uno no entiende

El otro día me dirigí a mi agencia de viajes y les solicité un presupuesto: el encargo era llevar a Australia a un grupo de 50 amiguetes, alojarlos en buenos hoteles, enviar unas toneladas de paquetes y el mayor capricho era que también fuera mi coche, en el medio de transporte que me aconsejasen. Como me conocen, así en principio, no hicieron comentario alguno.

El problema vino cuando les dije que de ahí y en las mismas condiciones, nos íbamos con coche incluido a Malasia, más tarde a Shanghái y que luego ya veríamos.

Llamaron a un médico. No entendieron que estaba realizando mi primer reportaje de investigación y que por algún lado debía empezar para ser totalmente profesional.

Todo ello es debido a que se rumorea  que lo de la Fórmula 1 puede venderse.  La realidad es que yo no entiendo este asunto. No digo que no me guste o que tenga algún demérito: es que no entiendo el negocio. Nunca he visto tal nivel de gasto casi obsceno que lógicamente debe recuperarse (se supone que también dar beneficios) y eso se basa fundamentalmente por patrocinios de marcas y ciudades así como derechos televisivos. Los ingresos por entradas también deben ser importantes, pero no creo que lleguen a las que consigue en una temporada el Real Madrid o el Barça.

Me dijeron que para el buen fin de mi reportaje tenía primero que hablar con un señor que se llama Brian Ecclestone.  Parece ser que es el que maneja todo este presupuesto que en principio me parece que bastaría para rescatar Portugal. Lo cual estaría muy bien: “Portugal rescatado por gentileza de estos patrocinadores”. Suena bien. Yo firmo un año o dos sin carreras para rescatar a mi querido país vecino.

Sobre este señor Ecclestone, me han dicho que es muy difícil hablar con él y que tiene una inteligencia privilegiada. Me enseñaron recortes de prensa y comprobé que su materia gris no la utiliza precisamente para elegir peluquero. Eso me alarmó pues soy de los que piensan que la ética y la estética deberían ir generalmente de la mano.

Ante mis recelos me indicaron que hay otro señor llamado Flavio Briatore que me podría orientar ya que parece ser que ha reducido su actividad  así que tendría ocasión de hablar con él en su casa o en su yate. Algo que para mí es imposible, pues he visto en el ¡Hola! ambas propiedades y servidor se marea con tanto lujo y oropel.

Creo que esperaré al señor Lobato (que retransmite todo este circo y su peluquero es más drástico dado su cocoliso) y me tomaré unas cañas con él. O tal vez unos Red Bull para amortizar la impresionante inversión que dicha bebida, entre otras instituciones, deben realizar cada año.

Ya les contaré cuando me lo expliquen. Sigo investigando.

Paco Fochs

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