sábado, diciembre 3, 2022

Sara Carbonero

Sara Carbonero es lista. Y a mí me gustan las chicas listas. Y es guapa. Y a mí me gustan, todavía más, las chicas guapas. Y es periodista. Pero a mí, como periodista, me gusta menos. No acaba de llenarme. Le falta oficio y preparación. Y es una pena porque lo tiene todo para llegar a ser una estrella del periodismo e, incluso, de la televisión. El problema es que Sara tiene prisa. Mucha prisa. Y esa prisa hará que vaya dando tumbos por los programas, haciendo más una labor de lazo embellecedor que de profesional imprescindible. Y a mí me entristece.

Ella dice que no tiene la culpa de que todo lo que toque se vuelva noticia. Y puede que sea verdad, pero con alguna matización. No todo lo que toca se vuelve noticia, todo lo que toca pasa a formar parte del espectáculo. Y no es lo mismo.

Ahora está con Los Manolos. En Cuatro. Sin necesidad. Como una especie de parche fotogénico. Dicen que porque su presencia aporta morbo. Triste razón.

El viernes pasado entrevistó a Piqué, el central del Barça. El novio de Shakira. Y este fin de semana ha vuelto a ser noticia gracias a ello. El morbo se ha vuelto a abrir paso. Pero sólo eso. Porque su entrevista, pese a ir en un espacio deportivo, únicamente, ha servido de leña en la hoguera de vanidades. Nada. Obtuvo, incluso, menos audiencia que el día de su debut una semana antes que, por cierto, tampoco aportó nada al programa.

Yo que Sara me haría mirar qué quiero ser de mayor. La ley de la gravedad es implacable y entonces puede que no quede nada.

Pinocchio

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