martes, diciembre 6, 2022

Deporte y patria

La casualidad ha querido que, coincidiendo en el día y con apenas unas horas de diferencia, el ciclista Lance Armstrong haya decidido “colgar” la bicicleta y Alberto Contador volver a subirse a ella. No deja de ser curioso el destino de un deporte y dos deportistas marcados por la sombra de la duda.  Al estadounidense le rodean las sospechas desde hace años, pero nadie ha podido o querido demostrar que sus victorias estaban basadas en la trampa. Ganar siete Tour de France seguidos es suficientemente transcendente como para que los organizadores y autoridades deportivas no se planteen públicamente la dolorosa incógnita. De hacerlo se cargarían su invento.

Con siete Tour, y la gran personalidad de Lance, esos “mandamases” no se han atrevido a poner en cuarentena los triunfos del tejano aunque haya habido fundadas sospechas y análisis ocultados para hacerlo. Es mucho más fácil, sin embargo, cargar contra el pequeño pinteño  para que sirva de escarmiento al resto. Y es que el deporte español, en lo que se refiere a competición individual, está tan contaminado y con tantas sospechas internacionales gracias a los ”Eufemianos”, “Pascuas” y “Sainzes”, entre otros, que pocos se fían de nosotros.

Las mal llevadas operaciones “Puerto” y “Galgo” no han hecho más que contribuir a enturbiar estos dos deportes, arrastrando por el mismo cauce a héroes y villanos. Hasta tal punto es así que, lejos de cualquier “patrioterismo”,  debemos dar la razón a Contador cuando ha dicho que su exculpación responde a cuestiones “jurídicas y científicas”.

La inocencia de Alberto no era una cuestión de Estado como algún malpensado ha querido ver en las palabras de Zapatero cuando dijo que “no había ninguna razón jurídica para sancionarlo”.  En cambio, sí es asunto de Estado responder al presidente de la Unión Ciclista Internacional, el irlandés Pat McQuaid, quien ha dicho sin ningún tipo de rubor que “nada le sorprende viviendo de España”.

No le vamos a pedir al Ministro de Deportes, a la sazón Presidente del Gobierno, que responda por el honor del deporte patrio –bastante tiene con lo suyo-, pero sí debería haberlo hecho nuestro Secretario de Estado.

Pero se da la circunstancia de que Jaime Lissavetzky sigue en plena batalla con Tomás Gómez por el relleno de la candidatura al Ayuntamiento de Madrid,  y no tiene tiempo para poner al tal McQuaid en su sitio, ni tampoco para ocuparse de los deportistas españoles. No habría sobrado una foto en el Algarve al lado de Contador, pero únicamente parece interesarle la imagen cuando hay triunfo deportivo y rendimiento político.

¿Irá a Portugal si el español gana la ronda lusa?

Al tiempo lo veremos.

Editorial Estrella

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