domingo, diciembre 4, 2022

T-4

Ha querido el azar que, en pleno reverdecer del viejo debate sobre el diálogo con ETA/Batasuna, los etarras que volaron la T-4, Igor Portu y Mattin Sarasola, hayan comparecido en la Audiencia de Guipúzcoa, en el juicio contra 15 guardias civiles acusados de presuntas torturas y malos tratos durante su detención. La Fiscalía pide entre dos y tres años para 4 de los imputados.  En una sociedad sana no tendría porqué mezclarse la inexorable acción de la Justicia con la evocación de aquel atentado.  Pero el binomio “proceso” y “T-4” quedaron ya unidos para siempre. 

No sólo en lo que supuso de tragedia por la pérdida de las vidas de Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, sino porque simbolizó el fracaso de la vía negociadora emprendida por el Gobierno durante 2006.  Ahora, cuando no hay ni días ni portavoces que pasen sin mencionar nuevas expectativas de pacificación, bien por el debilitamiento de ETA, por la evolución democrática de Batasuna,  o por ambas cosas, la presencia de los etarras Portu y Sarasola hace reaparecer aquella vía.  Y algo de su actitud en el juicio en San Sebastián alude a la rebrotada dialéctica. Condenados a mil años de cárcel, mantienen que fueron torturados y amenazados durante su detención y reclaman que el Estado de Derecho les resarza de la supuesta agresión mientras guardan silencio sobre las muertes causadas. Pueden combinarlo sin conflicto: ni siquiera Batasuna, con su apuesta por las vías políticas, se apresta a condenar lo ocurrido.

Dice el PNV que (Batasuna) podría tener preparados los Estatutos para volver a la legalidad, mientras el inicial escepticismo político sobre la evolución del brazo político de ETA parece disolverse.  Así las cosas, las últimas iniciativas de los partidos PSOE y PP en el Congreso para evitar fraudes en las listas, por parte de Batasuna,  pierden credibilidad mientras su trámite se demora.

Anuncia el lehendakari que mantendrá las dos manos extendidas,  “la una,  para sostener la legalidad y la firmeza, y la otra para enseñar el camino de la democracia”.  En pleno lío ambiental, López logró transmitir un discurso  que había quedado difuminado por sus propios compañeros.  Algo parecido a la confusión que emana del PNV: ufano de haber logrado completar el Estatuto vasco tras su negociación con Zapatero,  y ausente en la celebración de su 31 aniversario.  En cambio, sus líderes acompañaron en esa misma jornada al ex lehendakari Ibarretxe,  quien lo dio por agotado. Eligió el día de su aniversario para ello.  


Chelo Aparicio

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