viernes, diciembre 2, 2022

El apoyo a Israel depende de afiliaciones

A tenor del enfrentamiento diplomático que la Administración Obama forzó de forma trasnochada con Israel el mes pasado, dos miembros destacados de la Cámara de Representantes -el secretario de la mayoría Steny Hoyer y el coordinador de la oposición Eric Cantor- invitaron a sus colegas a firmar una carta dirigida a la secretaria de Estado Hillary Clinton. El escrito reafirma el compromiso de los firmantes con el vínculo «indisoluble» y la «extraordinaria cercanía» que existe entre Estados Unidos e Israel, y afirma que «nuestra valiosa relación bilateral con Israel necesita y merece un refuerzo constante». Expresa su consternación ante las tensiones «muy publicitadas» entre la Casa Blanca y el Gobierno de Benjamin Netanyahu, y aconseja enfáticamente a la Administración que resuelva sus diferencias con Israel «discretamente, en un clima de confianza y seguridad, como corresponde a aliados estratégicos veteranos».

La carta era cortés, pero no dejaba dudas a la reprimenda implícita al presidente por tratar tan mal a Israel. Tampoco, se podría pensar, había ninguna confusión en su impacto bipartidista: fue firmada por 333 miembros de la Cámara estadounidense, más de tres cuartas partes de la legislatura entera.

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Los estadounidenses son claramente pro Israel…

La carta Hoyer-Cantor no es la única prueba evidente en las últimas semanas de que la amistad norteamericana con Israel va más allá de partidos.

En la conferencia nacional del AIPAC, el grupo pro Israel, por ejemplo, dos de los oradores fueron los senadores Charles Schumer, un demócrata extremo, y Lindsey Graham, republicano igualmente resuelto. En una encuesta difundida en febrero, Israel aparece como uno de los cinco países más positivamente valorados por la mayoría de los ciudadanos estadounidenses: el 67 por ciento expresa una opinión favorable del Estado judío. Y la inclinación contra Israel del presidente ha sido denunciada igual de crudamente por la incondicional del Partido Republicano Liz Cheney («El presidente Obama está jugando a un juego temerario de […] restar importancia a los lazos de Estados Unidos a Israel») como por el demócrata toda la vida Ed Koch («Es inimaginable que el presidente tratara a cualquiera de nuestros aliados de la OTAN, grandes o pequeños, de manera tan degradante»).

Visto un poco más de cerca, no obstante, el edificio de la solidaridad con Israel no resulta ser tan…, bueno, sólido.

Vea esa encuesta Gallup de principios de este año, que concluía que el 67 por ciento de los estadounidenses tiene una opinión favorable de Israel. La misma encuesta también constata que cuando se trata del conflicto entre israelíes y palestinos, el 63 por ciento de la opinión pública se alinea con Israel -más de cuatro veces el 15 por ciento que apoya a los palestinos-. No hay mucha duda de que el grueso de la opinión pública estadounidense es pro Israel.

Pero fíjese en la disparidad que surge cuando los resultados son ordenados por afiliación política. Si bien el apoyo a Israel frente a los palestinos ha alcanzado un estratosférico 85 por ciento entre los republicanos, la cifra comparable para los demócratas es un anémico 48 por ciento. (Fue del 60 por ciento entre los independientes). Y detrás del puesto «entre los 5 primeros» mejor valorados que Israel ocupa hay una grieta partidista: el 80 por ciento de los republicanos -pero sólo el 53 por ciento de los demócratas- tiene opiniones positivas sobre único país judío del mundo.

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…pero los demócratas cada vez menos.

Del mismo modo, es cierto que 333 miembros de la Cámara, una clara mayoría bipartidista, hizo suya la robusta carta pro Israel Hoyer-Cantor remitida a Hillary Clinton. Pero sólo hubo siete republicanos que se negaron a firmar la carta, en comparación con 91 demócratas, algo más de la tercera parte del caucus (seis demócratas de Massachusetts entre los no firmantes: John Olver, Richard Neal, John Tierney, Ed Markey, Michael Capuano y Bill Delahunt).

Desde Zogby International llegan aún más pruebas de la creciente brecha entre los principales partidos en el tema de Israel. En una encuesta encargada por el Arab American Institute el mes pasado, los encuestados fueron preguntados si Obama debería «seguir un camino intermedio» en Oriente Próximo -un eufemismo para decir no apoyar claramente a Israel-. «Hay una clara línea divisoria en esta cuestión -informa Zogby-: con el 73% de los demócratas de acuerdo con que el presidente debe seguir un camino intermedio, mientras que sólo el 24% de los republicanos tiene la misma opinión».

En conjunto, la identificación de Estados Unidos con Israel es igual de fuerte que siempre: la «relación especial» entre los dos países sigue siendo profunda. Pero el antiguo consenso político que llevó a republicanos y demócratas a apoyar a la única democracia floreciente de Oriente Próximo se está desmoronando. La amistad republicana con Israel nunca ha sido más sólida. La amistad demócrata -sobre todo ahora, en la era Obama- no crece igual de rápido.

Jeff Jacoby

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