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La teta agotada del Estado

Pablo Sebastián |

Estrella Digital | 03 de septiembre de 2009

Tercera rectificación de Zapatero en lo de los 420 euros, que se aplicarán a los parados sin desempleo desde el pasado 1 de enero, y otro ministro del Gobierno, esta vez Corbacho, desautorizado, como lo fue Blanco a propósito de la subida de impuestos del IRPF, o la ministra Jiménez, de Sanidad, que no para de rectificar todas su previsiones sobre la gripe A, y a la que ahora la Unión Europea le ha dicho que se equivoca al anunciar la vacunación de las mujeres embarazadas porque no se ha probado la vacuna en este grupo de personas considerado de alto riesgo. Y sólo nos falta que el empeño del ministro Gabilondo de abrir, sin la distribución de vacunas previas, el curso escolar se vea gravemente afectado por la contaminación entre estudiantes, como parece detectarse ya.

Como guinda de este pastel, el paro ha vuelto a reaparecer en agosto con gran virulencia y se encamina hacia los cinco millones de desempleados, mientras el déficit y la lógica deuda externa pública y la bancaria privada no cesan de crecer, al mismo ritmo que decrecen las arcas públicas y las de la Seguridad Social porque el Estado nodriza no da más de sí.

En España el Estado paga a los parados con asistencia y también, a partir de ahora, a los que se les acabó el subsidio y para siempre, como lo exige Llamazares. Asimismo, se paga a los jubilados y los funcionarios públicos del Estado, las Autonomías y los municipios. A los políticos que son legión en gobiernos, ayuntamientos y Parlamentos variados y sus correspondientes asesorías y gastos superfluos. Como también el Estado financia los partidos políticos, los sindicatos, organizaciones empresariales, la Iglesia católica y otras confesiones, las ONG, la enseñanza, la Justicia, la sanidad, el deporte, etcétera. Y a no olvidar las cadenas públicas, las nacionales y autonómicas y municipales, de radio y televisión, amén de las embajadas del Estado y la otras autonómicas, como las de Ibarretxe y Carod.

Naturalmente, semejante despilfarro del Estado nodriza español se soporta con resignación cuando las arcas de los ingresos públicos están gordas y el dinero corre a raudales, como pasaba hace un par de años en plena euforia y disparate nacional, con un crecimiento desmedido, absurdo y sin control, que se acaba de derrumbar como un coloso de barro. Pero ahora que la teta del Estado está seca, en estos tiempos previsibles de vacas flacas con las que se cumple la maldición del tradicional ciclo de la economía, pues este inmenso gasto público y social nos coloca al borde de la quiebra, a un paso de la salida del euro -lo que naturalmente descarta Zapatero- y camino de un déficit gigantesco financiado con una ciclópea deuda exterior.

Y en estas estamos, mientras los ministros del Gobierno se rectifican unos a los otros, y la política económica del presidente y su "Plan E" de obra en los ayuntamientos se desinfla con la llegada de más de 80.000 parados a las puertas del INEM. Y mientras, el coro de los pedigüeños catalanes clama al cielo por el Estatut amenazando la legalidad y al Tribunal Constitucional, además, paralizado, dividido y caduco, que nada tiene que envidiar a otros estamentos del poder judicial, como los que han permitido, ante las narices del Ministerio de Interior, la fuga de la etarra que Francia, con sus errores administrativos, nos acababa de entregar.

El panorama es pésimo pero se convierte en estremecedor cuando se atisba el nivel de la incompetencia y la notoria falta de cualificación del Gobierno de la nación, desde el presidente Zapatero pasando por sus vicepresidentes y acabando en sus ministros. Lo que nos anuncia que el problema, a corto plazo y salvo rebelión en el PSOE o elecciones anticipadas, carece de una solución y amenaza con ir de mal en peor.

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