lunes 27.01.2020
LA OTRA CARA DE FARUQ

Los besos más pasionales de Rubén Cortada

El actor de la serie ‘El Príncipe’ se dejó besar y acariciar en Jerez. Más cotizado que nunca, cobró una cifra nada desdeñable por el bolo

Rubén Cortada, de bolo en en una discoteca de Jerez. | Estrella Digital
Rubén Cortada, de bolo en en una discoteca de Jerez. | Estrella Digital

Intentar descubrir algún dato sobre la vida privada de Rubén Cortada es algo así como una 'misión imposible’. El exmodelo siempre se muestra celoso de su intimidad, por lo que pillarle fuera de su caparazón es ciertamente difícil.

Sin embargo, el guapo actor que interpreta a Faruq en la serie ‘El Príncipe’ se ha liado la manta a la cabeza y se ha dejado besar por un grupo de más de 2.000 féminas que fueron a verle a la discoteca ‘La Galería’, en Jerez. Las chicas, muy emocionadas, no dejaron de acariciar y admirar al que es su ídolo, que se mostró muy atento y complaciente en todo momento.

En los inicios de la serie el intérprete se vio involucrado en un rumor que le unía sentimentalmente a su compañera de reparto y esposa en la ficción, María Guinea. La revista ‘Cuore’ publicó unas imágenes en las que ambos aparecían compartiendo velada en un restaurante, aunque en actitud para nada cariñosa. Al parecer todo quedó en una bonita amistad y el romance no llegó a fraguarse. No se relaciona al atractivo cubano con otra mujer desde aquel entonces.

Por su sangre corre el ritmo, aunque él lo niegue al afirmar que el baile no es lo suyo. Quedó demostrado que miente, ya que en otra ocasión discotequera el musculitos se subió a la tarima de la pista para deleitar a los asistentes con un sensual movimiento de cadera.  

La estrella televisiva tiene un caché nada desdeñable y cobró 11.000 euros por el bolo. Una cifra que demuestra el tirón mediático del actor de 28 años.

A la mañana siguiente y acompañado de su inseparable representante, Kalya Garzón, viajó hasta Sanlúcar de Barrameda, a 20 kilómetros de Jerez, para comer en el barrio de Bajo de Guía. Al ver que los demás comensales le reconocían, Rubén se dispuso a marcharse, porque aunque se afeite la barba y cambie su ropa, este ‘sex symbol’ es inconfundible.  

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