lunes 21/9/20
NOCHE DE SAN JUAN

Más de 100.000 personas espantan las meigas con el fuego mágico del Atlántico

La noche de San Juan llega con la fiesta más importante del año en A Coruña, en la que decenas de miles de personas se concentran para un ritual más antiguo que la propia ciudad

Noche de San Juan en la playa de Riazor.
Noche de San Juan en la playa de Riazor.

Más de 100.000 personas se han reunido en las playas de Riazor y Orzán para espantar las "meigas" con el fuego mágico que cada año preparan a la orilla del Atlántico.

La noche de San Juan llega con la fiesta más importante del año en A Coruña, en la que decenas de miles de personas se concentran para un ritual más antiguo que la propia ciudad.

Durante toda la semana los asistentes se han dedicado a recoger madera que empezó a llegar a los arenales el miércoles, pero fue ayer, jueves, cuando las playas se vistieron para la ocasión, con los mejores lugares reservados desde primera hora de la mañana.

A lo largo del día ha lloviznado y la niebla no ha dado tregua, pero al caer la noche, quizá por la magia del San Juan, las inclemencias han cesado y las nubes han subido, por lo que las condiciones no podían ser mejores para una velada en la que, además, la marea ayudaba, con bajamar pasada la medianoche.

Churrascadas y "sardiñadas" han inundado las playas mientras los más de 100.000 asistentes se han preparado para vivir como si fuera la primera vez un momento clásico en la vida coruñesa y que no son pocos los que aderezan con una "queimada", de aguardiente gallega que deja el camino libre para evitar el mal fario.

Algunos con pocas tablas, otros con un gran despliegue; unos con una considerable maña y los demás como podían se han preparado para la caída del sol; todos han tenido listas sus hogueras para prenderlas a medianoche, el momento más mágico del día.

En la playa de Riazor ha sido entonces cuando ha ardido la falla, que en esta ocasión llegaba con más simbolismo que otros años con los fuegos artificiales como excepcional preludio.

Sobre las aguas simuladas del Atlántico estaba la Torre de Hércules, con una referencia a la permanencia del Deportivo de La Coruña, un recuerdo a los toros que han desaparecido de la ciudad, una mención a la Copa del Rey de baloncesto y una figura del alcalde, Xulio Ferreiro, con el bastón de mando erguido como llevó en su investidura.

El curioso conjunto de cartón piedra ha tardado pocos minutos en arder, lo que ha puesto en marcha una fiesta que se prolongará hasta primera hora de la mañana, cuando habrá que echar a los rezagados de las playas.

Pero eso solo ha sido un aperitivo, pronto han empezado a prenderse las hogueras al grito de "lume" -fuego, en castellano- y la oscura noche se volvió día, con luz por doquier y un calor asfixiante que convirtió una velada fría en una jornada veraniega.

Aunque la tendencia inicial ha sido la de encender cada hoguera, como si se tratase de un espectáculo sincronizado, los asistentes han optado por no tener en marcha varias fogatas cercanas a la vez, pues así se guarecían junto a las apagadas hasta que la madera fuese pasto de las llamas.

Y es en ese instante, cuando las hogueras se convierten en brasas, el momento en que empiezan los innumerables saltos que la tradición dice que consiguen espantar a las "meigas" durante un año entero, al que se entra con buen pie.

Algunos dicen que son tres, hay quien piensa que son siete y también se habla de nueve o doce saltos, pero, por si acaso, nadie deja de brincar hasta la extenuación, mientras prepara una ceremonia que continúa por la mañana.

Los coruñeses dejan esta noche en agua multitud de plantas, de las conocidas como hierbas de San Juan, preparadas para lavarse con el caldo aromático que dejan y así completar la tradición más antigua del lugar.Más de 100.000 personas se han reunido en las playas de Riazor y Orzán para espantar las "meigas" con el fuego mágico que cada año preparan a la orilla del Atlántico.

La noche de San Juan llega con la fiesta más importante del año en A Coruña, en la que decenas de miles de personas se concentran para un ritual más antiguo que la propia ciudad.

Durante toda la semana los asistentes se han dedicado a recoger madera que empezó a llegar a los arenales el miércoles, pero fue ayer, jueves, cuando las playas se vistieron para la ocasión, con los mejores lugares reservados desde primera hora de la mañana.

A lo largo del día ha lloviznado y la niebla no ha dado tregua, pero al caer la noche, quizá por la magia del San Juan, las inclemencias han cesado y las nubes han subido, por lo que las condiciones no podían ser mejores para una velada en la que, además, la marea ayudaba, con bajamar pasada la medianoche.

Churrascadas y "sardiñadas" han inundado las playas mientras los más de 100.000 asistentes se han preparado para vivir como si fuera la primera vez un momento clásico en la vida coruñesa y que no son pocos los que aderezan con una "queimada", de aguardiente gallega que deja el camino libre para evitar el mal fario.

Algunos con pocas tablas, otros con un gran despliegue; unos con una considerable maña y los demás como podían se han preparado para la caída del sol; todos han tenido listas sus hogueras para prenderlas a medianoche, el momento más mágico del día.

En la playa de Riazor ha sido entonces cuando ha ardido la falla, que en esta ocasión llegaba con más simbolismo que otros años con los fuegos artificiales como excepcional preludio.

Sobre las aguas simuladas del Atlántico estaba la Torre de Hércules, con una referencia a la permanencia del Deportivo de La Coruña, un recuerdo a los toros que han desaparecido de la ciudad, una mención a la Copa del Rey de baloncesto y una figura del alcalde, Xulio Ferreiro, con el bastón de mando erguido como llevó en su investidura.

El curioso conjunto de cartón piedra ha tardado pocos minutos en arder, lo que ha puesto en marcha una fiesta que se prolongará hasta primera hora de la mañana, cuando habrá que echar a los rezagados de las playas.

Pero eso solo ha sido un aperitivo, pronto han empezado a prenderse las hogueras al grito de "lume" -fuego, en castellano- y la oscura noche se volvió día, con luz por doquier y un calor asfixiante que convirtió una velada fría en una jornada veraniega.

Aunque la tendencia inicial ha sido la de encender cada hoguera, como si se tratase de un espectáculo sincronizado, los asistentes han optado por no tener en marcha varias fogatas cercanas a la vez, pues así se guarecían junto a las apagadas hasta que la madera fuese pasto de las llamas.

Y es en ese instante, cuando las hogueras se convierten en brasas, el momento en que empiezan los innumerables saltos que la tradición dice que consiguen espantar a las "meigas" durante un año entero, al que se entra con buen pie.

Algunos dicen que son tres, hay quien piensa que son siete y también se habla de nueve o doce saltos, pero, por si acaso, nadie deja de brincar hasta la extenuación, mientras prepara una ceremonia que continúa por la mañana.

Los coruñeses dejan esta noche en agua multitud de plantas, de las conocidas como hierbas de San Juan, preparadas para lavarse con el caldo aromático que dejan y así completar la tradición más antigua del lugar.Más de 100.000 personas se han reunido en las playas de Riazor y Orzán para espantar las "meigas" con el fuego mágico que cada año preparan a la orilla del Atlántico.

La noche de San Juan llega con la fiesta más importante del año en A Coruña, en la que decenas de miles de personas se concentran para un ritual más antiguo que la propia ciudad.

Durante toda la semana los asistentes se han dedicado a recoger madera que empezó a llegar a los arenales el miércoles, pero fue ayer, jueves, cuando las playas se vistieron para la ocasión, con los mejores lugares reservados desde primera hora de la mañana.

A lo largo del día ha lloviznado y la niebla no ha dado tregua, pero al caer la noche, quizá por la magia del San Juan, las inclemencias han cesado y las nubes han subido, por lo que las condiciones no podían ser mejores para una velada en la que, además, la marea ayudaba, con bajamar pasada la medianoche.

Churrascadas y "sardiñadas" han inundado las playas mientras los más de 100.000 asistentes se han preparado para vivir como si fuera la primera vez un momento clásico en la vida coruñesa y que no son pocos los que aderezan con una "queimada", de aguardiente gallega que deja el camino libre para evitar el mal fario.

Algunos con pocas tablas, otros con un gran despliegue; unos con una considerable maña y los demás como podían se han preparado para la caída del sol; todos han tenido listas sus hogueras para prenderlas a medianoche, el momento más mágico del día.

En la playa de Riazor ha sido entonces cuando ha ardido la falla, que en esta ocasión llegaba con más simbolismo que otros años con los fuegos artificiales como excepcional preludio.

Sobre las aguas simuladas del Atlántico estaba la Torre de Hércules, con una referencia a la permanencia del Deportivo de La Coruña, un recuerdo a los toros que han desaparecido de la ciudad, una mención a la Copa del Rey de baloncesto y una figura del alcalde, Xulio Ferreiro, con el bastón de mando erguido como llevó en su investidura.

El curioso conjunto de cartón piedra ha tardado pocos minutos en arder, lo que ha puesto en marcha una fiesta que se prolongará hasta primera hora de la mañana, cuando habrá que echar a los rezagados de las playas.

Pero eso solo ha sido un aperitivo, pronto han empezado a prenderse las hogueras al grito de "lume" -fuego, en castellano- y la oscura noche se volvió día, con luz por doquier y un calor asfixiante que convirtió una velada fría en una jornada veraniega.

Aunque la tendencia inicial ha sido la de encender cada hoguera, como si se tratase de un espectáculo sincronizado, los asistentes han optado por no tener en marcha varias fogatas cercanas a la vez, pues así se guarecían junto a las apagadas hasta que la madera fuese pasto de las llamas.

Y es en ese instante, cuando las hogueras se convierten en brasas, el momento en que empiezan los innumerables saltos que la tradición dice que consiguen espantar a las "meigas" durante un año entero, al que se entra con buen pie.

Algunos dicen que son tres, hay quien piensa que son siete y también se habla de nueve o doce saltos, pero, por si acaso, nadie deja de brincar hasta la extenuación, mientras prepara una ceremonia que continúa por la mañana.

Los coruñeses dejan esta noche en agua multitud de plantas, de las conocidas como hierbas de San Juan, preparadas para lavarse con el caldo aromático que dejan y así completar la tradición más antigua del lugar.

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