domingo 15.12.2019
UNA LACRA LEJOS DE ERRADICARSE

Agresiones homófobas: un golpe letal a la igualdad

Sólo en Madrid se registra un ataque homófobo cada dos días. Se denuncia más que antes, pero aún son muy pocas las que llegan a los juzgados por el miedo y el estigma. Casi la mitad de las víctimas no se sienten satisfechas con el trato policial recibido cuando denuncian

Dos jóvenes gays se besan contra la homofobia.
Dos jóvenes gays se besan contra la homofobia.

Dos jóvenes gays pasean de la mano por una céntrica calle de Madrid cuando uno se detiene para robarle un beso al otro. No se esconden, no tienen pudor. Ambos han crecido sin el miedo a la intolerancia y viven su amor de forma espontánea y natural. Sin embargo, esta habitual estampa de la capital se ve amenazada, en ocasiones, por el odio de unos cuantos que se resisten a aceptar una realidad en la que los ‘tiempos del armario’ fenecieron hace tiempo y que suele traducirse en agresiones homófobas y tránsfobas.

No son casos aislados. La violencia contra las personas LGTBI continúa a la orden del día, manchando de odio las altas cotas de visibilidad alcanzadas con mucho esfuerzo por este colectivo en los últimos años. Los números hablan por sí solos: sólo en la Comunidad de Madrid se han registrado 155 agresiones homófobas en lo que va de año, una cada dos días y cerca de cincuenta durante el verano, según datos del Observatorio Madrileño contra la Homofobia, Bifobia y Transfobia. Una cifra que pone en evidencia que la igualdad real y la tolerancia son todavía tan sólo un espejismo.

El último ataque en Madrid contra personas de este colectivo tuvo lugar el pasado 13 de agosto. Dos chicos homosexuales de origen mexicano, de 30 y 55 años, fueron insultados y golpeados cuando se encontraban conversando en la plaza de Chueca, corazón de la actividad LGTBI en la capital española. Un grupo de siete personas formado por cinco hombres y tres mujeres, con edades comprendidas entre los 18 y 51 años de edad, fueron detenidas por la agresión. Málaga o Albacete también han registrado en los últimos días capítulos de violencia y vejaciones contra una persona trangénero y una joven bisexual, respectivamente.

Peligrosos discursos de odio

La mayor concienciación de la sociedad española y la reciente aprobación de leyes de igualdad y contra la discriminación en algunas comunidades autónomas, como Madrid o Baleares, han contribuido en buena medida a que las agresiones por orientación sexual o por identidad de género salgan a la luz. Sin embargo, esta visibilidad creciente del colectivo LGTBI parece irritar a algunos sectores ultraconservadores. “Detrás de cada delito de odio, hay un discurso de odio proveniente de algunos sectores”, asegura a Estrella Digital Jesús Generelo, presidente de la Federación Española de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB).

Generelo llama a “reflexionar” a determinados líderes de opinión, religiosos y políticos que tienen un discurso muy virulento frente a la diversidad sexual y de género, y les pide que dejen de alimentar un clima de crispación y de odio que acaba trasladándose a las calles. En el mismo sentido, el director del Observatorio Español contra la LGTBfobia, Paco Ramírez, señala que “a mayor visibilidad, mayor exposición, una situación aprovechada por el lobby del odio y que fomentan los sectores ultraconservadores”.

Perfil del agresor

El perfil del agresor en España es el de un varón -el 99% son hombres-, de entre 18 y 30 años y en su mayor parte de nacionalidad española, aunque también hay extranjeros, sobre todo magrebíes. Entre las víctimas, en cambio, hay más mujeres que hombres y las que más sufren agresiones son las transexuales, aunque son las que menos denuncian.

Sufrir una agresión por orientación sexual o por identidad de género implica graves secuelas psicológicas, más allá de las lesiones físicas. El miedo invade a las víctimas de esta lacra, temiendo a la calle y volver a ser agredidos. Además, esta violencia hace que la visibilidad conseguida en los últimos años por este colectivo se ponga en cuestión, ya que se vuelve a percibir a las personas LGTBI en una situación de riesgo y vulnerabilidad, lo que conlleva un significativo retroceso en la normalización.

Baja tasa de denuncias

Ante esta situación, las asociaciones LGTBI han dado la voz de alarma y urgen a denunciar cualquier agresión por orientación e identidad sexual para hacer frente a la infradenuncia existente en torno a este tipo de delitos del odio. Los 169 casos que se registraron el año pasado en España, según datos del Informe sobre Incidentes relacionados con Delitos de Odio del Ministerio de Interior, son tan solo la punta del iceberg, ya que se calcula que solo representan cerca del 30% de las agresiones sufridas.

“Aún perdura mucho miedo y estigma. Muchos no quieren interponer una denuncia porque implica tener que salir del armario, otros ni siquiera confían en las fuerzas y cuerpos de seguridad”, lamenta Generelo. De hecho, existe una desconfianza generalizada hacia las instituciones, ya que muchas víctimas no denuncian porque no se sienten lo suficientemente amparadas o temen sufrir una “segunda victimización” cuando presentan la denuncia ante la policía. El presidente de la FELGTB apunta que cerca de la mitad de las personas que han denunciado no se sienten satisfechas con el trato policial recibido.

Otro de los problemas que denuncian las asociaciones se encuentra en la judicatura, al encontrarse con que muchos jueces no están aplicando el agravante de odio en este tipo de agresiones. “Sale muy barato pegar a un homosexual”, denuncia Paco Ramírez. Las sentencias por este tipo de delitos están siendo “ridículas”, como la conocida este mes de agosto en la que se condenaba a una multa de 250 euros a dos individuos que golpearon a cuatro jóvenes gays al “grito de maricones de mierda” en abril de 2016. “Las víctimas no quieren arriesgarse a salir del armario por una compensación económica de 250 euros en el mejor de los casos”, lamenta el director del Observatorio Español contra la LGTBIfobia.

Ante la falta de sensibilidad policial y en el sistema judicial, las asociaciones reclaman una ley integral de protección estatal para la población LGTBI, que no solo persiga este tipo de delito, sino que los prevenga a través de una educación que favorezca la igualdad real y logre derribar de una vez por todas los pesados muros de la intolerancia.

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