miércoles, abril 17, 2024
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Las esmeraldas perdidas de 250.000 euros que Juan Carlos I regaló a Corinna

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Según ha publicado el diario El Confidencial, el rey Juan Carlos regaló a Corinna Larsen dos esmeraldas colombianas valoradas en 250.000 euros en el año 2011 para intentar convencer a la empresaria de que volviera junto a él.

Este diario informa que las piedras salieron de la joyería madrileña Aldao, el mayor proveedor de relojes, joyas y piedras preciosas del Palacio de la Zarzuela desde hace décadas.

Las gemas eran de una pureza extrema y de un color verde brillante. Además, eran casi idénticas, algo difícil de encontrar, y tenían una bonita forma de lágrima, según desvela King Corp. El imperio nunca contado de Juan Carlos I, la nueva obra de la editorial Libros del K.O., y demuestran varias fotografías a las que ha tenido acceso El Confidencial y que acompañan la noticia.

Corinna decidió engarzar las esmeraldas para convertirlas en pendientes. La examante del monarca pidió consejo a una amiga que se dedica precisamente al diseño de joyas, y ambas acordaron enviar las piedras a una de las mejores joyerías del mundo, Gembel Company, de la ciudad de Amberes (Bélgica), para que un experto las transformara, pues son extremadamente frágiles.

Según afirma El Confidencial, uno de los máximos responsables de Gembel Company, informó a Corinna que durante el proceso de engarce de las esmeraldas una de ellas se había quebrado. La joyería de Amberes ofreció a Corinna dos posibilidades. La primera era pulir el desperfecto para volver a realzar la perfección de la piedra. La segunda opción, según los correos electrónicos a los que ha tenido acceso King Corp., era sustituir las dos esmeraldas por otras de la misma calidad y con la misma forma.

En ambos casos, el seguro de Gembel Company se haría cargo de los desperfectos, para lo que el taller belga solicitó a Corinna que aportara la factura de la compra de las esmeraldas en Aldao. Para cumplimentar ese trámite, Corinna y su amiga trataron de contactar con el responsable de Aldao, Juan Carlos García-Lubén Fernández-Aldao.

Las piedras habían sido un regalo del rey Juan Carlos pero necesitaban la factura que el establecimiento emitió al monarca en el momento del pago. El joyero español tardó en contestar.

En un folio timbrado con el nombre de Aldao, el joyero de Madrid explicó a la amiga de Corinna que había decidido involucrarse personalmente en la búsqueda de una solución para el incidente. «Estoy pensando que debo tratar este asunto con mi mejor respeto y discreción para proteger a nuestros clientes», escribió García-Lubén, evitando mencionar al monarca y a Corinna.

A continuación, publica El Confidencial, el dueño de Aldao explicó a la amiga de Corinna que podía enviarle la factura que él mismo había recibido cuando se hizo con las esmeraldas, pero solo para que las usara en el trámite de la póliza del seguro. No existía ninguna factura de la posterior venta de las piedras a Juan Carlos I. El exjefe del Estado se las había llevado de Aldao sin dejar rastro documental de la operación ni, aparentemente, del supuesto pago del IVA que correspondía, a pesar de que el importe superaba los 250.000 euros.

En las primeras semanas de 2012, 7 meses después del incidente, García-Lubén escribió al joyero belga notablemente molesto pidiéndole una solución inmediata a la situación.

Poco después se produjo la caída de Juan Carlos I en Botsuana y las negociaciones sobre las esmeraldas saltaron por los aires. El destino de las joyas se convirtió en el problema menos importante de todos los que aparecieron en el horizonte del jefe del Estado.

La popularidad de Juan Carlos I comenzó a caer en picado y por los pasillos de la Zarzuela comenzó a circular la posibilidad de una abdicación. Todos los que habían tenido algún tipo de participación en el asunto de las esmeraldas comprendieron que habían surgido nuevas prioridades y las gemas quedaron olvidadas en el taller de Amberes, detalla El Confidencial.

No se produjo ninguna novedad hasta octubre de 2015, detalla el Confidencial. Cuando Juan Carlos I ordenó a Aldao que recuperara inmediatamente las piedras para poder reintegrarlas a su patrimonio secreto.

Solicitud de las piedras

Tres años después de la última gestión, Juan Carlos García-Lubén utilizó la cuenta de correo de su sobrino —administrador de la sociedad Sanlua Inversiones SL, investigada por un Juzgado de Barcelona por pagar 1,3 millones de euros al médico del rey, Manuel Sánchez Sánchez— para solicitar a Gembel Company la devolución de las piedras. La empresa belga no se opuso a la entrega, pero contestó que las joyas habían sido depositadas en su establecimiento por la amiga de Corinna, y que esta era la única persona que podía autorizar su retirada.

El joyero de Juan Carlos I contactó entonces con la amiga de Corinna para comunicarle sus intenciones y obtener su autorización para que las joyas les fueran devueltas, pero García-Lubén no obtuvo lo que buscaba. Cuando Corinna fue avisada por su amiga de las pretensiones de Juan Carlos I, se negó a autorizar la retirada de las esmeraldas.

En los meses siguientes, el monarca y Aldao insistieron a Gembel Company en que ellos eran los verdaderos dueños de las gemas. El Confidencial indica que hay constancia de correos enviados hasta el año 2017 en los que el rey emérito y su joyero exigían el retorno de las esmeraldas colombianas en el estado que fuera, incluso rotas, de forma urgente y sin ningún tipo de compensación ni pago del seguro, pero se desconoce qué ocurrió finalmente con ellas.

Las piedras se diluyeron en un laberinto de gestiones tan tenebroso como el origen de los 250.000 euros con que fueron pagadas en 2011, si es que Juan Carlos I llegó a pagarlas, asegura el citado medio.

Corinna desvela los secretos de su relación sentimental con Juan Carlos I en un pódcast

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