sábado 27/11/21

Guerras civiles

Los partidos políticos, maquinarias engrasadas para ganar elecciones, sufren verdaderas guerras civiles cuando no solo no se alcanza el objetivo pretendido, sino que la derrota es aparatosa. Por ese amargo trago está pasando el Partido Socialista desde que perdió las generales frente al PP. Las luchas entre las diferentes corrientes desembocó en el Congreso del que salió elegido Pérez Rubalcaba. Fue un cierre en falso porque los contrarios no han dejado de conspirar ni un solo día y esos oponentes son numerosos y representan a Madrid, Cataluña y Andalucía. El nuevo fracaso en las autonómicas gallegas y vascas ha reabierto la caja de los truenos sobre la idoneidad del secretario general y de su equipo.

Los fieles a Rubalcaba han cerrado filas y aseguran que lo que el partido necesita es una reflexión sobre ideas y propuestas, los contrarios (y es significativo el silencio de Carme Chacón) creen que la actual dirección está llevando las siglas a un punto de no retorno en el que el PSOE se convertiría en una oposición irrelevante.

Posiblemente, ambos contendientes tengan razón: el PSOE necesita acercar su sensibilidad a las demandas de una calle que estos días "cerca" el Congreso para hacerse oír, defender con más ahínco el estado del bienestar que se deshace como un azucarillo en manos del PP y convertirse en la voz de la sanidad y la enseñanza pública, gravemente amenazadas por los recortes. Si no quiere dejarse comer el terreno por UPyD, debería abandonar las ambigüedades ante las demandas soberanistas y concretar su propuesta de mayor federalismo.

La pregunta es si la actual Ejecutiva, desgastada por las acusaciones permanentes de la "herencia recibida" y a quien la ciudadanía asocia con la incapacidad para gestionar la crisis del Gobierno Zapatero, está en condiciones de liderar el imprescindible impulso para recuperar el favor de la sociedad. Las encuestas de los últimos meses indican que no: Rajoy recibe el castigo por el incumplimiento de sus promesas, pero el PSOE sigue cayendo en picado en la intención de voto.

Tienen razón los que piensan que a Rubalcaba y su equipo les falta empuje, ideas y convicción para defenderlas. Ni Elena Valenciano, ni Soraya Rodríguez, ni Oscar López dan la talla para enfrentarse a un PP con mayoría absoluta. Faltan dirigentes con verdadero peso político. Y los que hay que no pueden ser sustituidos por "perdedores" como Tomás Gómez, el ubicuo secretario general de la FSM.

La pérdida del poder siempre hace brillar los cuchillos escondidos bajo las capas. Sin ir más lejos, la llegada a Madrid del derrotado líder andaluz del PP, Javier Arenas, ha suscitado el resquemor de María Dolores de Cospedal. No le quiere en la sede de Génova e intenta mandarlo a Moncloa, donde una Soraya Sáenz de Santamaría aclara, a quien la quiera escucharla, que el destino de Arenas está en el partido donde hace mucha falta. En política, nadie quiere a un perdedor.

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