miércoles 27/10/21

La cigarra y la hormigaFábula de Lafontaine en su nueva versión española

Hace unos días me llegó por internet una nueva versión española de la célebre fábula que figura como título de este escrito. La revisé y, con la venia de mi anónimo comunicante por la red, me decidí a pulirla de estilo: el resultado es el que ahora transcribo para los amigos de ESTRELLA DIGITAL sin ninguna pretensión de copyright.

La hormiga trabajó con entusiasmo todo el verano, bajo un calor agobiante, a fin de construir su casa y aprovisionarse de víveres para el duro invierno que se esperaba. Mientras tanto, la frívola cigarra pensando que la hormiga era necia, se pasó el estío jugando, riendo, y bailando.

Cuando el invierno llegó, la hormiga se refugió en su flamante vivienda, donde tenía todo lo necesario hasta la primavera. Por su parte, la cigarra, pronto tiritando de frío y hambrienta, organizó una rueda de prensa en la que preguntó a los medios cómo podía ser que la opulenta hormiga disfrutara de casa y despensa, mientras otros menos privilegiados padecían frío y hambre. La cigarra incluso apareció en un programa de televisión en vivo, en el que se la veía sufriendo las más duras calamidades.

Un entusiasta colectivo partidario de la igualdad denunció "el grave hecho de que en un país moderno pudiera aceptarse el sufrimiento de una pobre e inocente cigarra, mientras la plutócrata hormiga vivía en la más vergonzante abundancia". Ante semejante estado de cosas, las asociaciones pro igualitarismo a ultranza, se manifestaron masivamente ante la casa de la hormiga, gritando que ésta se había enriquecido a costa del sudor de las pobres cigarras". Y exigieron al Gobierno del poderoso ZP que aumentase los impuestos a tan vil explotadora.

Así las cosas, ZP sacó adelante una ley aumentando la presión fiscal a la hormiga y sus similares; y además, decidió que se impondrían multas millonarias a quienes no ayudaran a las cigarras. En tales circunstancias, como la hormiga no pudo pagar ni los tan bien intencionados tributos ni las tan merecidas sanciones, las autoridades le embargaron su cobijo; tras lo cual, ella, muy apenada, se fue del país para instalarse en otro, donde dicen que emprendió nuevas actividades industriales con gran éxito.

En la siguiente secuencia de los episodios que aquí se narran, la cigarra y varios de sus congéneres se trasladaron a vivir a casa de la hormiga y, al poco tiempo se exhibió un reportaje en la televisión donde se las veía muy mejoradas, incluso con sobrepeso: en pocos días se habían comido todo lo que había en la despensa, mucho antes de que llegara la primavera. Luego, como los nuevos inquilinos no hicieron nada para mantener su nueva casa en buen estado, ésta pronto amenazó ruina. Situación ante la cual el poderoso ZP designó una comisión investigadora, a un coste previsto de diez millones de euros, para resolver la dramática situación de la cigarra y sus colegas.

Pero la comisión, según inveterados usos del país, trabajó con mucha lentitud, y las cigarras, desesperadas al verse en el más absoluto abandono y ya sin víveres, acabaron dándose a la droga. De tal manera que la protagonista de nuestra fábula, la otrora cantora y danzarina cigarra, tristemente murió de una sobredosis.

En medio de tal desbarajuste, la casa que perteneció a la hormiga, ya casi inhabitable, se vio ocupada por una marabunta de foráneas arañas. Y enterado ZP de tales sucesos, apareció ante los medios como siempre, sonriente y distendido, para manifestar:

No hay mal que por bien no venga: lamentamos que las cigarras hayan sufrido tanto por la desigualdad, pero lo cierto es que con la llegada de la marabunta de arañas foráneas, la diversidad cultural de nuestro país ha dado un paso más adelante. Y eso, fijaos bien, favorece mi máxima ilusión: la inaplazable Alianza de Civilizaciones.

FIN

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