viernes 18/9/20

Hablar no es hablar por el móvil

Rubalcaba, que es un gran dialéctico pero un deficiente orador, insistía mucho en que el Parlamento es eso, un sitio donde se habla. Y no sólo eso, sino el sitio donde habla y se expresa la soberanía popular. Sin embargo, cuando Joan Coscubiela, el portavoz de ICV, subió al estrado y tomó la palabra, lo que se vio es que la que habla en el Parlamento no es exactamente la soberanía popular, sino, más bien, la soberanía del Partido Popular, y que, encima, habla por teléfono. Coscubiela quiso dirigirse a Rajoy, pero éste estaba hablando por el móvil y no le hacía el menor caso. A su lado en la bancada azul, la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, también estaba enganchada a su móvil y también pasaba mucho de lo que pudiera decirle al Gobierno de España el político catalán.

Con su mayoría absoluta, el PP impone su soberanía absoluta en el Parlamento, pero en esto de salirle al paso a la consulta soberanista catalana no la habría necesitado, pues PSOE y UPyD se la facilitan. En ese 'NO' anunciado sobraba, en todo caso, el alarde de mala educación de ponerse a hablar por teléfono en el hemiciclo cuando uno de los que vienen a solicitar permiso para el referéndum toma la palabra. No se trata de un incidente menor, ni siquiera para quienes, como al parecer Rajoy, consideran la educación y la cortesía asuntos menores, sino de uno harto simbólico de lo que con esto de la independencia de Catalunya se está haciendo: Nadie escucha a nadie. Lo cual, por cierto, es de las pocas cosas que todavía emparentan a los políticos con los ciudadanos, que tampoco suelen escuchar al prójimo cuando habla.

Si se ha de dar crédito al traslado de la aritmética electoral a las instituciones, parece evidente que en Catalunya rige el independentismo, mientras que en España, su contrario. Hay, pues, una discrepancia, un desacuerdo, un problema ¿Y desde cuando con un simple 'NO' se resuelve un problema? La cosa empeora cuando se pone la Constitución por medio, y no digamos cuando se blande como una cachiporra, pues su función no es, en ningún caso, la de servir de obstáculo a la resolución de los problemas que genera la convivencia, sino todo lo contrario. En suma: que hablar no es hablar por el móvil.

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